Tú ya le Agradas a Dios

“Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque tus obras ya son agradables a Dios.” Eclesiastés 9:7

La estrategia central del enemigo es atacar continuamente nuestra identidad. De hecho, usó esa táctica para tentar a Jesús, pero fracasó estrepitosamente. Jesús tiene su identidad basada en la Palabra de Dios, en lo que el Padre dice y piensa de Él. Jesús sabe quién es. Y tú y yo deberíamos saberlo también, porque así está escrito. Sin embargo, con frecuencia dudamos y dejamos que el diablo, el usurpador, nuestro principal enemigo sea quien nos defina, quien diga quienes somos, cuanto valemos y dicte nuestro nivel de éxito o fracaso en la vida. De una manera ingenua y absurda, lo hemos dejado “etiquetarnos” y le hemos creído al punto de que ya no necesita atacarnos: Cometo un error y digo que soy un error. Me equivoco y afirmo ser una equivocación, pero ninguna conducta o experiencia define quienes somos. Un adjetivo sobre mi conducta no es lo mismo que un sustantivo para mi ser. Cometo torpezas, pero no soy torpe. A veces fracaso en mis proyectos, pero no soy un fracaso. Mi experiencia no me define. No soy lo que me ocurre, y mucho menos aquello que otros me hacen. Es tiempo de terminar con esos sentimientos de culpa que satanás ha sembrado en nuestras mentes, haciéndonos creer que no somos valiosos ni amados.

Habitamos en un mundo con estándares de éxito muy distorsionados y nos dejamos juzgar por ellos. Vivimos comparándonos unos con otros, tratando de alcanzar un estándar irreal para entonces ser amados, para ser aprobados, aceptados. Aún el Salmista Asaf dice que casi resbaló porque tuvo envidia de los arrogantes (Salmos 73:3), es decir, por compararse. Pero ¿sabes qué? Acá Dios te dice que ahora mismo, en este instante y aun en medio de tus errores y bajezas, tus obras son agradables a Él. Que Él te ama tal y como eres (aunque no piensa dejarte como eres). No hay nada que puedas hacer para que Dios te ame más, ni menos. Tú eres “acepto en el Amado” (Efesios 1:6b), es decir, que eres recibido por Dios, aprobado. Aunque las cosas no se muevan como tu quisieras, de acuerdo con los parámetros del mundo, lo estás haciendo bien. Tu esfuerzo tiene impacto, tus sacrificios ya son agradables. Él te ve. Ve tus esfuerzos, tus lágrimas y escucha tus oraciones. Jesús está en tus desvelos y peores momentos. Para eso te adoptó:

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios” 1 Juan 3:1

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