La Paz de lo Alto

“Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.” Génesis 3:9-10

La Biblia protestante contiene 1,189 capítulos en total, pero ya en el tercero, el ser humano pecó y por pecar, conoció el miedo. Al preguntarle el Señor a Adán donde se hallaba, su respuesta es muy reveladora respecto a las consecuencias de la desobediencia: “tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.” Jehová le había advertido a Adán que, si desobedecía el único mandamiento en todo el jardín, moriría, pero no físicamente, sino de manera espiritual, en su comunión con Dios. Ahora bien, ni Adán ni Eva se habían sentido desnudos antes; ni sabían lo que era asustarse. Ahora, justo al morir a su relación íntima con Dios, estaban asustados, avergonzados y se sentían desnudos. ¿Qué pasó? La paz es proporcional a la cercanía con Dios. ¿Conoces a personas ricas, atractivas, influyentes y sanas, que parecen tenerlo todo, pero no creen en Dios y son infelices? Algunos sufren ataques de pánico y ansiedad, otros, insomnio; nada los satisface, siempre necesitan algo más, un objeto más, un millón más, una nueva relación, un trofeo más… Y cuando este llega, la aparente felicidad dura muy poco, y comienza de nuevo el ciclo. Pero la verdadera paz no proviene de las circunstancias, sino de Dios. Por eso Jesús dijo: “la paz os dejo, mi paz os doy.” No la paz temporal del mundo, sino la duradera.

Miles de años después vemos a Simón Pedro, quien le aseguró a Jesús que le seguiría aún hasta la muerte, pero al verlo entregarse mansamente según lo que estaba escrito, y al venir la multitud a acusarle, se aterró como lo haría cualquiera de nosotros, y le negó. Sin embargo, al verlo resucitado, creyó de todo corazón y todo cambió. El miedo y la duda desaparecieron junto con la incertidumbre y el temor. ¿Por qué? Porque ahora su comunión era completa, profunda. Mientras más cerca estamos de Dios, en comunión con Él, adorándolo, oyendo su Palabra, meditando en las Escrituras y buscando su rostro, menor es el estrés, el temor y la duda. La ansiedad no prospera y el insomnio da paso a un profundo descanso. Yo no sé de qué estás sufriendo hoy. Desconozco qué es lo que te hace falta, pero te quiero invitar a conocer al único que puede satisfacerte. Su nombre es Jesús, el Hijo de Dios encarnado. La paz no es ausencia de conflicto, es ausencia de Dios.

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” Juan 16:33

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