La Guerra Desigual – P2

“Y los oficiales hablarán al pueblo, diciendo: ¿Quién ha edificado casa nueva, y no la ha estrenado? Vaya, y vuélvase a su casa, no sea que muera en la batalla, y algún otro la estrene.” Deuteronomio 20:5

Luego de que el sacerdote inste al pueblo a no temer ni desalentarse para ir a la batalla, vendrán los oficiales, los militares de mayor rango, y harán algo tan increíble como absurdo. Mandarán de regreso a sus hogares a todo aquel que haya edificado casa y no la haya usado, plantado viña sin haberla cosechado, o esté comprometido, pero no haya tomado a su mujer. ¿La razón? No sea que mueran en la batalla y luego otro viva en su casa, coseche su viña o tome a su mujer. Pero ¿qué pasa si pierden la batalla? ¿Acaso no perderán también su casa, su viña y a su esposa? ¿No es más sensato que se queden ya que, mientras más soldados sean, mayores las probabilidades de ganar? Eso hace sentido para ti y para mí, pero no para Dios. A Él le interesan el cómo y el por qué. Dios no está preocupado por el tamaño del enemigo porque no conoce el miedo ni la derrota. Él es el Todopoderoso. Lo que a Dios le interesa es nuestra obediencia y fidelidad, nuestra fe. Si nos atrevemos a hacer lo que Él ordena, aun en contra de nuestra lógica y lo que nos dicen nuestros sentidos y emociones, entonces Él intervendrá. Además, Dios no quiere a sus soldados en la batalla pensando en sus asuntos personales, sino enfocados.

Pero los oficiales debían hacer una excepción mayor: “¿Quién es hombre medroso y pusilánime? Vaya, y vuélvase a su casa, y no apoque el corazón de sus hermanos, como el corazón suyo.” En otras palabras, ordena que los que estén asustados se regresen a sus casas. ¿Por qué? La cobardía se contagia y no queremos eso en el frente de batalla. Eso fue lo que hizo Gedeón en su tiempo y le desertaron veintidós mil soldados de los treinta y dos mil que tenía. Pero Dios lo redujo aun más, y con trescientos le dio la victoria. ¿Por qué? Por dos razones: La primera porque a Él le importa el cómo. En tus batallas, no te preocupes por obtener ventajas o fuerzas, sino por agradar a Dios. La estrategia no es incrementar tu poder, es agradar a Dios porque “en tu debilidad, su poder se perfecciona.” Y la segunda razón es para que quede claro que la gloria es de Él y de nadie más. ¿Tienes dificultades laborales, relacionales, financieras? No actúes con hipocresía ni procures artimañas. Obra de acuerdo con Dios, con absoluta integridad, para que puedas decir como David:

“Aunque un ejército acampe contra mí, No temerá mi corazón; Aunque contra mí se levante guerra, Yo estaré confiado.” Salmos 27:3

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