¿Eres hijo de Dios?

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.” 1 Juan 3:1

Muchas iglesias nos enseñan que como todos fuimos creados por Dios, entonces todos somos “hijos” de Dios. Sin embargo, de acuerdo con los Evangelios y el Nuevo Testamento, ese título no es para todos sino para unos pocos. Ya sé que suena exclusivo particularmente en un mundo donde todos quieren ser incluidos, pero la Palabra es clara. ¿Por qué? Porque, aunque está disponible para todos el poder ser hijos de Dios, es una opción que debemos elegir, no algo otorgado con nuestro nacimiento biológico, con el bautismo o con algún ritual. Por eso Jesús nos dice en Mateo 22:14 que “muchos son llamados, y pocos escogidos.” También en Juan 6:37 nos informa que: “al que a mí viene, no le echo fuera.” ¡Gloria a Dios por eso! pero está implícito que la persona debe venir a Él, como un acto de su voluntad. Si quieres entrar a su Reino, Él no te echa fuera, pero si no lo deseas hacer y eliges quedarte afuera, Él no va a forzarte a entrar. Tienes el derecho de ser hijo, pero solo a través de la Puerta que es Jesucristo. Dios nos adopta, pero solo si queremos que Él sea nuestro Padre, según los principios de su Reino. Desafortunadamente “muchos quieren un Salvador, pero pocos a un Señor.”

En este verso vemos que el amor de Jesús por los creyentes es tan grande que no le bastó salvarnos solamente. El no dijo “bueno, ya los perdoné, suerte con sus vidas”, no. Él nos ama tanto que nos adopta y nos llama sus hijos. Él quiere una relación íntima con nosotros. Sin embargo, el apóstol agrega algo doloroso: “Por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él.” La verdad es que la mayoría no conoce a Jesús. Si una persona no lo conoce, no puede entender a los que le seguimos. Si alguien rechaza al Salvador, ¿cómo va a creer en nuestro mensaje? Nosotros tan solo repetimos lo que Él dijo. Esto a los incrédulos les parece algo absurdo, pero no porque sean malvados, sino simplemente porque no le conocen. Por eso Pablo explica: “Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará.” 2 Corintios 3:16 – Una vez le conocemos, el velo de la ignorancia se rasga y nuestros ojos son abiertos, y entonces elegimos ejercer la potestad que Dios, en su infinita misericordia, nos otorgó libremente: ser sus hijos.

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” Juan 1:12-13

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