Espera Tu Momento …

“Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa.” Hebreos 6:15

El escritor de Hebreos está hablando de Abraham, y la promesa a la que hace referencia es que Dios le bendeciría y multiplicaría grandemente. Ahora bien, esta última parte de la promesa requería algo más que espera. Abraham estaba anciano, con su cuerpo “casi como muerto” y su esposa Sara había sido estéril toda su vida. ¿Cómo una pareja que no pudo tener hijos cuando estaban jóvenes y fuertes, va a tenerlos ahora que ya están ancianos? La respuesta no satisface a todos, pero parece ser la única sensata: Dios lo dijo. Solo un milagro inexplicable causado por un Ser superior pudo hacerlo. En otras palabras: solo Dios, en su sabiduría y poder pudo hacer semejante milagro. Ahora bien, las tres religiones más influyentes del mundo tienen a Abraham como patriarca, y en el cristianismo es llamado el padre de la fe. La fe y la paciencia están íntimamente entrelazadas, ya que no se puede tener fe sin paciencia, porque la fe es la certeza de lo que esperas…

Yo no tengo idea por cuál situación puedas estar pasando. Lo que sí sé es que muchos están confrontando grandes batallas y retos, algunos contra la soledad y la depresión, otros por enfermedades físicas como cáncer e hipertensión; otros tienen dificultades relacionales con su cónyuge o hijos, y otros batallan financieramente, o por causa del jefe, por su nueva empresa, en los estudios, etc. Dios nos dice hoy: No te impacientes ni apresures. No tomes decisiones desesperadas sin haber consultado primero con Él. Si no te sientes segura, no le des el sí aunque parezca que te quedarás sola. No inviertas bajo presión, aunque parece que pierdes una oportunidad. No compres por temor, no alquiles lo que salga “porque ya no se consigue”. Confía en Dios, pero ten paciencia. No puedes confiar en Él por un par de días o unas horas. Él no tiene prisa y casi siempre parece que se tarda demasiado, pero es nuestra impaciencia que nos hace sentir atrapados y queremos escapar antes de desarrollar las habilidades y paciencia necesarias para recibir las promesas. Lee de nuevo el versículo inicial. La promesa solo llega cuando esperas con paciencia. El costo de la impaciencia es muy alto. ¡Solo Dios sabe cuántas promesas nos hemos perdido por impaciencia! Pero no hay sabiduría en ello. Dios es íntegro, Él no miente. Dios es fiel, y no te abandona. Confía en Dios como lo hizo Abraham quien, en medio de lo imposible:

“… creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia.” Romanos 4:18

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