¿Llamado o Escogido?

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” Romanos 8:28
Dios tiene un propósito para cada persona, sin excepción, y desde la niñez nos llama hacia dicho propósito, pero muchos nunca atienden dicho llamado. Por eso dice Jesús que “… muchos son llamados, y pocos escogidos.” (Mateo 22:14). El llamado lo tenemos todos, pero solo aquellos que aman a Dios, los que responden ese llamado, son escogidos. Dios ofrece salvación para todos. Por eso Jesús dijo: “el que a Mi viene yo no lo echo fuera,” pero está implícito que hay que venir a Él, entrar bajo su señorío, someterse a su autoridad. La pregunta clave es: ¿eres escogido o solo llamado? ¿Tienes la oportunidad de seguir a Jesús, pero te atrae más vivir para el mundo? ¿Prefieres vivir para tus propósitos personales, tus deseos naturales, y dejas a Dios por fuera? Muchos piensan que creen en Dios, pero solo procuran que Él avale y respalde sus agendas y objetivos. El problema es que el Reino de los Cielos no funciona así. Él es Dios, no nosotros, y Él es quien nos da los propósitos. Si yo elijo los míos por encima de los suyos, soy llamado al igual que todos, pero no soy escogido, porque no le amo lo suficiente. Esa decisión me excluye de la promesa de este verso. Ya no puedo decir que todas las cosas me ayudan a bien, porque la oferta está condicionada a los escogidos, a los que se conforman a su propósito.
Pero la maravillosa noticia es que, si amas a Dios, si antepones su propósito en ti al de tu carne; si le das la prioridad a Dios en tu vida, entonces puedes descansar en medios de los retos y dificultades de cada día estando convencido de que Aquel que empezó en ti la buena obra, la va a completar; que los planes que Dios tiene para ti son de bien y no de mal; que cuando pases por las aguas, no te anegarás, y si por el fuego, la llama no arderá en ti. ¿Has visto como progresa la construcción de una casa o edificio? Primero llegan tractores a excavar, al mismo tiempo algunas paredes y vigas son construidas. Sin el plano del arquitecto, es posible que la construcción se vea caótica, como que nada tuviera sentido. Sin embargo, un día las ventanas y puertas calzan perfectamente en sus sitios, agua fluye por sus tuberías, y toda la casa dispone de electricidad, y lo que era tierra, ahora es un brillante piso. Así hace Dios en nuestras vidas, cuando confiamos en el gran Arquitecto. Tus retos aislados no se entienden, las dificultades e injusticias parecen accidentales, pero todo es parte del plan de Dios quien hacen su obra. No temas…
“En el día que temo, Yo en ti confío.” Salmos 56:3

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