Lecciones de Josué y Acán – P3

“Pues vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé;” Josué 7:21a
Acán está confesando públicamente su gran pecado al tomar del anatema, lo cual implica una desobediencia con maldición. Ante la gentil pregunta de Josué: “Hijo mío, da gloria a Jehová el Dios de Israel, y dale alabanza, y declárame ahora lo que has hecho; no me lo encubras,” Acán reconoce su error y explica el proceso: Vi, codicié, y tomé. En nada difiere a Eva en el jardín quien, al ver el fruto del único árbol prohibido que satanás le ofrecía: “Y vio (primer paso, es ver) la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; (segundo, lo codició) y tomó de su fruto, y comió (lo tomó). Muchas veces justificamos nuestros pecados porque fue algo repentino, inesperado, que decimos incluso no saber cómo ocurrió, pero la Biblia nos enseña que el proceso empieza en la mente. Si vemos lo inapropiado, no debemos morar allí. Quedarse viendo lo que sabemos que no conviene, es como la ceniza encendida que cae en tu ropa. Si no la sacudes inmediatamente, abrirá un hoyo que no se podrá coser. Una vez meditado y fantaseado, el pecado ocurre en cuanto se presenta la oportunidad, sin mayor resistencia porque ya lo hemos visualizado.
Santiago lo explica de manera clara: “… cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.” (Santiago 1:14-15). Ahora bien, muchos opinan que esto es una exageración, que el pecado de luz a la muerte, pero Pablo dice claramente que la paga del pecado es la muerte, y que solo a través del regalo de la vida eterna otorgada por la sangre de Jesucristo derramada en la Cruz del Calvario, podemos borrarlo. En otras palabras, todos pecamos y estamos destituidos de la gloria, y los pecados que nos parecen pequeños, no lo son delante de Dios. Pero lo que considero mas espeluznante de este tema es que, el pecado no solo nos lleva a la muerte, sino que afecta a nuestras familias, generaciones y aun a la sociedad y la ciudad en que vivimos. Una vez confesado el pecado, Josué aplica el dictamen de Dios que fue destruir todo lo de Acán, incluso su familia quienes seguramente sabían lo que éste había hecho…
“Y le dijo Josué: ¿Por qué nos has turbado? Túrbete Jehová en este día. Y todos los israelitas los apedrearon, y los quemaron después de apedrearlos.” Josué 7:25

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