¿Listo Para Ser Aborrecido?

“y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre.” Lucas 21:17
Jesús les está hablando a sus discípulos del primer siglo y a todos los que han vivido desde entonces hasta hoy, incluidos tú y yo, si tú crees en Él. Cuando escuchamos a tantas iglesias predicar exclusivamente sobre las bendiciones de Dios y como el Salvador del Mundo murió en una cruz “solo para que tú seas feliz”, y contrastamos esos mensajes que prometen una vida sobre pétalos de rosas, con este y muchos otros escritos en la Palabra, sufrimos un shock. En una sociedad donde el enemigo trata de imponer una cultura ambigua donde todo se tolera, nada es pecado, la verdad es flexible y múltiple, y no se razona sino se “siente” (suplantando el intelecto con las emociones), es de esperarse que todos (en especial los más jóvenes) quieran “calzar” a toda costa en las expectativas de otros con el fin de obtener su aceptación. Y esta epidemia alcanza a pastores y ministros que tratan de atraer fieles con técnicas de mercadeo y no con el Espíritu Santo, predicando lo que la congregación quiere oír y no lo que necesita oír. Es importante entender que Dios no envió a su Hijo para que tengamos una religión, un código moral ni para que seamos entretenidos por noventa minutos cada dos o tres domingos.
Dios se hizo hombre para llevar sobre Si nuestros pecados, maldiciones, pobreza y enfermedades. Él es el sacrificio sustituto, quien tomó nuestro lugar para darnos vida a través de seguirlo, de obedecerlo, de amarlo con todas nuestras fuerzas. Si en tu iglesia no se confronta al pecado sino se te dice que hagas lo que hagas eres salvo; que todos, sin excepción somos hijos de Dios; que el Espíritu Santo no quiere transformarte. Si no se te reta y se te advierte que tienes que nacer de nuevo y ser, por el poder de Dios, una nueva criatura, te recomiendo huir muy pronto de ese lugar porque ese no es el Evangelio. No hay un solo verso en la Biblia que diga que seguir a Dios sea fácil, al contrario, Jesús nos dice: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” Si sigues a Jesús de corazón, muchos te rechazarán y algunos te odiarán, incluyendo miembros de tu familia, pero no puedes darle gloria a Dios si te importa mucho lo que diga la gente. Si no hay oposición en tu contra es porque no te estás moviendo. Ser amigo del mundo te hace enemigo de Dios. La buena noticia es que Jesús nos guarda, por eso continúa:
“Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá.” Juan 21:18

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