La Palabra que Vivifica

“Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, En la cual me has hecho esperar.” Salmos 119:49
Este Salmo atribuido generalmente a David, nos da una importante imagen de lo que es la vida cristiana. Este maravilloso líder le recuerda a Dios su promesa (palabra) pero, cómo muchas veces el Señor prueba nuestra paciencia, le ha hecho esperar. Ahora bien, David no está resentido ni molesto, solo le pide impaciente que se acuerde de lo que le dijo, como el joven a quien su papá le ofrece una bicicleta sin darle una fecha específica. El hijo conoce la intención de su padre, por lo que ocasionalmente le recuerda que está pendiente, que lo está “haciendo esperar.” Ahora bien, esto no aplica tan solo a David. La Biblia está llena de promesas condicionadas a la obediencia a ciertos preceptos. Por ejemplo, Jesús dice que si permanecemos en Él y su Palabra permanece en nosotros (condiciones), podemos pedir cualquier cosa y nos la otorgará (consecuencia). También que cosecharemos aquello que sembremos, de modo que, si sembramos generosamente (condición), segaremos generosamente (consecuencia). Otra promesa es que Él guardará en profunda paz (consecuencia) a aquel cuyo pensamiento persevera en Él (condición). Pero esto aplica para aquellos que aman a Dios, no solo a sus beneficios.
A lo mejor llevas meses o años esperando algo que Dios te dijo a través de su Palabra, pero nada pasa, y te comienzas a desesperar. Has añorado tu sanidad o la de un ser querido, restaurar tu matrimonio, prosperar tu carrera o negocio, o conocer al amor de tu vida. Anhelas graduarte, tener hijos o comprar tu casa. Si eres un creyente en Jesús, te invito a creer en esa Palabra. Jesús dijo que primero pasarán los cielos y la tierra antes de que sus palabras pasen, en otras palabras, es imposible que lo que Él dice, no se cumpla. Lo que ocurre es que generalmente no ocurre según nuestro cronograma sino en sus tiempos y de acuerdo con su sabiduría, pero eso no significa que Dios se olvidó de ti. Tenemos que aprender a creerle y vivir con esperanza, con expectativas, aferrados a esa promesa, anclados en Cristo, afirmados en sus palabras, para que seamos consolados y vivificados aún en medio de la espera, como David:
“Ella es mi consuelo en mi aflicción, Porque tu dicho me ha vivificado.” Salmos 119:50

Debe estar conectado para enviar un comentario.