No Descuides el Propósito de Dios

“Y le dijo: ¡Sansón, los filisteos sobre ti! Y luego que despertó él de su sueño, se dijo: Esta vez saldré como las otras y me escaparé. Pero él no sabía que Jehová ya se había apartado de él.” Jueces 16:20
Dalila, que significa “coqueta”, lo había logrado. Este famoso personaje que también representa a un espíritu de seducción y destrucción, después de enamorar, seducir, y consistentemente presionar a Sansón con sus palabras, había alcanzado su meta: este hombre poderoso, ungido por Dios para cosas sobrenaturales, había cedido y estaba completamente vencido. El más temible enemigo de los filisteos, quien en una batalla les había matado mil soldados, estaba convertido por una mujer, en un espectáculo público para sus adversarios. El usar lo que Dios le dio solo para su deleite personal lo llevó a jugar con fuego, y a terminar por revelarle a esta mujer desalmada, su más íntimo secreto, la razón de su fuerza, a sabiendas de que ella tan solo quería destruirlo. La Biblia nos revela cual fue su estrategia: “presionándole ella cada día con sus palabras e importunándole, su alma [la de Sansón] fue reducida a mortal angustia.” El libro de Proverbios nos da el diagnóstico y la medicina: “Porque a causa de la mujer ramera el hombre es reducido a un bocado de pan; Y la mujer caza la preciosa alma del varón.” (6:26) Y también: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.” (4:23).
Esta mujer logró literalmente cazar el alma de este poderoso guerrero debido a que él no guardaba su corazón. ¿Te gusta jugar con fuego? ¿Usas tus dones para ti solamente, sin procurar propósito alguno? Si eres un genuino creyente en Jesús de Nazaret, el Espíritu Santo de Dios ahora mora en ti y eres una nueva criatura, lo cual te permite utilizar los dones y talentos que se te han otorgado para múltiples fines en el reino. Es urgente y de suma importancia que descubras cual es el propósito detrás de tus habilidades. ¿Para qué te las dio Dios? No las escondas, no te jactes, no permitas que se atrofien, no las uses solo para ti. Deja que sea su Espíritu el que te guíe, según lo enseña Jesús:
“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” Juan 14:26

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