El Corazón de David

“Y se fue David de allí a Mizpa de Moab, y dijo al rey de Moab: Yo te ruego que mi padre y mi madre estén con vosotros, hasta que sepa lo que Dios hará de mí.” 1 Samuel 22:3

Este es un aspecto poco resaltado del carácter de David. Cuando el profeta Samuel le dijo a Isaí, el padre de David que reuniera a sus hijos porque uno de ellos sería ungido como rey, éste trajo a sus otros siete hijos y ni siquiera la avisó a David, que era el menor. Cuando Samuel le pregunta si tiene otros hijos, Isaí responde con desdén: “Queda aún el menor, que apacienta las ovejas.” En otras palabras, lo subestimó completamente. Luego, al estallar la guerra, Isaí le pide a David que vaya a llevarle algo de alimento a sus hermanos y a verificar que estuviesen bien. ¿Qué hace Eliab, el mayor? Cuando David indaga respecto a lo que el rey Saúl le daría al que venciera al gigante Goliat: “se encendió en ira contra David y dijo: ¿Para qué has descendido acá? ¿Y a quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu corazón.” Parece que el futuro rey no recibió precisamente apreciación y aceptación de parte de los suyos.

Sin embargo, cuando Saúl sigue a David para matarlo, la primera preocupación de éste fue la protección y bienestar de su familia. Por eso recurre, gracias a la reputación y respeto que se había ganado, a su relación con el rey de Moab, para pedirle a este que cuide de sus padres hasta que “sepa lo que Dios hará de mí.” Por eso Dios mismo dice algo impresionante y único sobre él: “He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero.” ¿Te imaginas que Dios diga de ti que tu corazón es como el de Él? No concibo mayor reconocimiento. Al ver la preocupación de David por el bienestar de sus padres a pesar de la crianza que le dieron, no puedo evitar compararlo con Jesús quién en medio de los tormentos de la crucifixión, toma un tiempo para instruirle a su amado apóstol Juan, que se encargue de María, su madre natural. No por casualidad David es figura del Mesías y tampoco por casualidad a Jesús se le llama Hijo de David.

“Después [Jesús] dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.” Juan 19:27

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