Tus Puntos Ciegos

“¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos.” Salmo 19:12
Durante mis primeros tiempos como creyente, mis oraciones estaban centradas en mis necesidades y las de mi familia, en mis deseos y prioridades y, ahora que lo pienso, no siempre estaban alineadas con la voluntad de Dios. Con el tiempo, mis reuniones con Dios fueron evolucionando a adorarlo y disfrutar de su Presencia. Esta adoración se mantiene y se mantendrá siempre, pero creo que también abrió la puerta de mi corazón a otros, de modo que empecé a interceder por mi familia, mis vecinos y quizás algún enfermo que me lo pidió, pero pronto se convirtió en un clamor profundo por la iglesia universal, por las naciones de la tierra y sus gobernantes, por los que sufren, por los ciegos espirituales, la paz de Jerusalén y mucho más. Más recientemente he percibido otro cambio quizás un poco más retador…
Antes de continuar debo aclarar que esta es mi experiencia personal. Dios se revela a cada uno de sus hijos de manera única y como Él quiere. No existen fórmulas con Dios así que lo que te comparto aquí puede o no ser útil para ti en este momento de tu jornada con el Rey. El Espíritu Santo me está haciendo apuntar hacia lo interno para pedirle dos cosas: 1. Que me muestre lo que no estoy viendo en mi vida, errores y oportunidades que son puntos ciegos, y 2. Que me transforme, que me capacite y fortalezca para operar en esos desiertos en vez de sacarme de ellos. Me fascina ver como en este Salmo el rey David le ruega al Señor que le muestre sus propios errores y que lo libre de las consecuencias de aquellos que le son ocultos. ¿Qué me dice eso? Que puedo estar acostumbrado a vivir de una manera y permanecer en el error, en el pecado, debido a mis costumbres, a mi crianza o personalidad, y ni siquiera notarlo. Por eso es importante pedirle a Dios que me cambie primero a mi para poder servir luego a otros, en vez de que cambie a otros para mi comodidad. Dios no está interesado en tu comodidad. Pídele que te muestre tus errores ocultos, aquello que haces sin notarlo, y luego continúa orando como David:
“Preserva también a tu siervo de las soberbias; Que no se enseñoreen de mí;” Salmos 19:13

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