¿Espíritus de Enfermedad?

“Estaba Jesús echando fuera un demonio, que era mudo; y aconteció que salido el demonio, el mudo habló; y la gente se maravilló.” Lucas 11:14

Hoy en día muchos afirman que las entidades que la Biblia llama espíritus inmundos y demonios no son tales, sino que esta creencia proviene de la falta de entendimiento en aquel tiempo de enfermedades mentales tales como la paranoia, la esquizofrenia y la epilepsia. Al no comprenderse esos fenómenos en tiempos bíblicos y no saber de dónde provenían, entonces la explicación es que se les asignaba esta suerte de superstición, llamándolos demonios. Sin embargo, no conozco ninguna enfermedad que enmudezca a alguien y que pueda desaparecer en un instante. En este verso, la explicación es que la persona enmudecida no tenía problema alguno en sus cuerdas vocales ni en su lengua. No era tartamudo ni tenía problemas de habla. La persona estaba oprimida por un espíritu mudo que, al tomar el control de su víctima, le impedía hablar. Por eso la solución fue inmediata, Jesús expulsó al demonio que lo enmudecía y. al salir este, la persona ahora libre de dicha opresión habló.

En otra oportunidad Jesús sanó a una mujer a quien “Satanás había atado dieciocho años” con un espíritu de enfermedad. La víctima no podía enderezarse, sino que se mantenía encorvada, sin la posibilidad de abrazar a alguien ni de levantar sus brazos al cielo. Cuando Jesús la vio, la llamó y libertó, ella se pudo enderezar y glorificaba a Dios. Lo interesante es que no le pidió a Jesús que la sanara, lo cual me dice que se había acostumbrado a vivir así. ¿Y tú? ¿A qué te has acostumbrado? Quizás no puedes controlar tu boca cuando te enojas, o no puedes evitar hablar “inmundicia.” Es posible también que estés atado a la pornografía, que te sea imposible perdonar o pedir perdón, o tus finanzas siempre parecen estar en saco roto. ¿Tienes temores irracionales de ser perseguido o atacado, miedo a la locura, o constante ansiedad o depresión sin razón alguna? ¿Sufres accidentes frecuentemente? Podría ser un ataque espiritual. La verdad es que solamente Cristo puede liberarte porque no existe otro ser capaz de hacerlo. Lo bueno es que Jesús siempre está dispuesto y, si lo invitas, inmediatamente Él vendrá a ti porque:

“… al que a mí viene, no le echo fuera.” Jesús en Juan 6:37b

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