¡Sácate un ojo!

“Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.” Mateo 5:29

Jesús está en pleno Sermón del Monte advirtiendo la importancia de una mente renovada. Contrariamente a aquellos que piensan que el Nuevo Testamento es menos “exigente” que el Antiguo debido a la gracia, en estos pasajes Jesús eleva más alto la vara revelando por ejemplo que, si bien antes se consideraba adulterio el cometer el acto físico, en realidad el solo hecho de desear a otra mujer, ya lo es. Por eso el Maestro nos comparte este principio de sabiduría. Si algo te mueve a pecar, erradícalo. Ahora bien, si soy una persona codiciosa, envidiosa o lujuriosa, el sacarme un ojo no me va a cambiar. Aunque me sacara ambos ojos podría seguir en lo mismo. Por eso es claro que Jesús no está proponiendo que nos mutilemos, sino que nos está enseñando a ser sabios y radicales respecto a guardar nuestra santidad.

Por ejemplo, si eres un creyente con cierta tendencia a la infidelidad, ¡sácatela! ¿Cómo? No yendo a ciertos lugares o alejándote definitivamente de ciertas amistades que te inclinan a ello. Si eres libre del alcoholismo, las drogas, o la masturbación, y sientes resurgir los deseos, ¡arráncalos! ¿Cómo? No vayas a los bares o lugares similares que frecuentabas. Saca la televisión y otros dispositivos de tu cuarto. Busca a otro creyente de tu confianza para que uno llame al otro en caso de ser tentados. Lo que Jesús está proponiendo es que usemos de sabiduría divina. Salomón escribió: “El sabio teme y se aparta del mal; Mas el insensato se muestra insolente y confiado.” Debemos temer al pecado. El enemigo nos hace creer que en una vida licenciosa hay libertad, pero las cárceles, los hospitales y las funerarias indican lo contrario. El pecado nos esclaviza. No te dejes engañar, no corras riesgos que no valen la pena, no juegues con fuego. La santidad no implica convertirse en monje ni abstenerse de placeres lícitos, sino de estar apartados para Dios. Jesús derramó su sangre para limpiarte. No regreses a la esclavitud. La santidad es esencial para Él:

“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.” Hebreos 12:14

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