Mata la Carne

“Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría.” Colosenses 3:5
Todos nacemos con una naturaleza carnal guiada por los sentidos y deseos egoístas, ya que nuestro espíritu permanece apagado por nuestra separación de Dios. Pero a cada persona se les da la posibilidad de reconectar con el Espíritu mediante la sangre de Jesucristo. Una vez nos arrepentimos sinceramente de nuestros pecados y aceptamos a Jesús como único y suficiente Salvador, es decir a Él y solamente a Él, nuestro espíritu despierta y se abre la conexión con el Espíritu Santo. En ese momento, nuestros pecados son perdonados, el Espíritu Santo de Dios se reconcilia y muda con nosotros y nos volvemos sus templos. Si morimos, iremos directo al cielo porque estamos bajo la cobertura del pacto de la sangre derramada por Jesús. A esta regeneración se le llama salvación.
Pero en ese mismo momento además comienza un proceso que durará todo el resto de nuestras vidas: la conversión. ¿Qué significa esto? Que, aunque somos salvos por la fe en Jesús, nuestra naturaleza carnal quiere seguir al mando y por ello empieza una batalla en nuestra alma, es decir en nuestra mente, emociones y voluntad. Necesitamos elegir a quien seguimos, si al Espíritu de Dios o a la carne. Por eso en este verso Pablo nos insta literalmente a matar (hacer morir) a los deseos de la carne, pero ¿cómo podemos cambiar esa naturaleza? A través de vivir conforme al Espíritu a través de mantener una comunión constante con Dios.
“porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.” Romanos 8:13

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