El Síndrome del Rey Acab

“Y el rey de Israel dijo a Josafat: ¿No te lo había yo dicho? Ninguna cosa buena profetizará él acerca de mí, sino solamente el mal.” 1 Reyes 22:18

El rey de Israel, Acab, invitó al rey de Juda, Josafat, a unírsele en guerra contra Asiria. Josafat le ofrece su apoyo, pero prudentemente le propone consultar a Dios a través de sus profetas antes de entrar en batalla. Acab asiente, pero advierte que Micaías (el profeta) “nunca me profetiza bien, sino solamente mal.” Es decir, que Acab quería oír la voz de Dios siempre y cuando le diera la razón. Pero ¿no se supone que oramos a Dios creyendo que Él sabe mejor que nosotros lo que nos conviene? Sí claro, pero ¿lo creemos? Cuando oramos, ¿le entregamos a Dios el día y le pedimos que nos guíe en lo que debemos o no hacer, o más bien le mostramos la agenda con nuestros planes, y le pedimos que la bendiga y nos de éxito en lo que ya determinamos? ¿Buscamos la voluntad de Dios o preferimos buscar quienes avalen lo que decidimos creer?

Por ejemplo, hoy día vemos iglesias promoviendo la inmoralidad sexual, el aborto, la idolatría, codicia y hechicería y hasta ecumenismo, a pesar de que las Escrituras prohíben y condenan estas prácticas. ¿De dónde sale esa dicotomía? De personas como Acab que no quieren aceptar lo que Dios dice, porque “No les profetizan lo que ellos quieren.” Entonces, no solo violamos derechos sagrados como la vida,  la libertad y la santidad del matrimonio, o  virtudes cristianas como la humildad y la santidad, o incluso la doctrina esencial de que somos salvos únicamente a través del sacrificio de Cristo en la cruz, sino que, para sentirnos bien con nosotros mismos, torcemos la Palabra e inventamos argumentos absurdos para justificar esas elecciones. Como diría mi madre, “queremos estar bien con Dios y con el diablo.” ¿Acaso piensas que no vas a morir? O que cuando esto ocurra y estés frente a Dios, ¿vas a debatir con Él tus argumentos y te va a decir algo como “bueno, desde tu punto de vista tienes razón”? Si crees eso, te advierto que es de nuevo el “síndrome de Acab” engañándote porque “no te profetizan lo que quieres.”

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;” Zacarías 7:11

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