Mentiras Creídas – P1

“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” Jeremías 17:9
El sentido común es muy útil para detectar cuando alguien te quiere convencer de una idea absurda, por ejemplo, que abortar es un derecho, que un niño de doce años tiene la madurez para decidir sobre una cirugía irreversible en su cuerpo, o que es buena idea reducir el número de policías cuando la tasa de criminalidad está subiendo. ¡Qué bueno tener sentido común! Sin embargo, también es un arma de dos filos porque, en ciertas circunstancias, podemos llegar a asumir que lo que sentimos o pensamos es más razonable y, por lo tanto, más aconsejable que lo que dicen las Escrituras. Y el enemigo que no desaprovecha ninguna oportunidad, apunta sus dardos en esa dirección, logrando algunas veces convencer a poblaciones enteras de sus mentiras. Uno de los engaños más comunes en todo el mundo es que todos somos buenos por naturaleza, por lo que es sabio “seguir lo que te dicta tu corazón.”
Pero en este verso el profeta nos advierte que nuestro corazón (o emociones, impulsos, pensamientos) es no solo el más mentiroso, sino que además es perverso (pervertido, maligno). Y si eso fuera poco, pregunta: ¿quién lo conocerá?, lo cual sugiere una gran verdad que muchos aún niegan: no nos conocemos a nosotros mismos. Ahora bien, ¿has notado quiénes son los que nos aconsejan que nos dejemos guiar por nuestras emociones y deseos? Celebridades que cambian de pareja con más frecuencia que de zapatos, comerciales que te aseguran que lo que sea que te provoque, “tú te lo mereces”, y redes sociales que proponen que darles rienda suelta a todos tus deseos es un símbolo genuino de éxito y libertad. Luego escuchamos las noticias sobre como muchas de estas “estrellas” sufren adicciones, depresión y ansiedad, y hasta nos cuesta reconocer a algunos ya que se han deformado por las múltiples cirugías con las que intentan borrar la realidad de los años. Dios no está en contra de las emociones, Él nos las dio, pero no es sabio dejarlas gobernarnos. Busquemos en cambio la sabiduría que proviene de Él:
“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.” Santiago 1:5

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