Dios de Carne y Hueso

“Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.” Lucas 1:35
El poderoso ángel Gabriel le anticipaba a una joven virgen de Nazaret lo que pronto ocurriría: Por única vez en la historia se engendraría una vida humana sin el semen de un hombre. ¿Por qué? Porque de ella nacería un Santo Ser. Si Jesús hubiese nacido de un hombre (en este caso, del ADN de José, el prometido de María), hubiera heredado la naturaleza adámica o pecado original. En la pareja humana, el varón engendra y la hembra recibe. En el caso de Jesús, el cromosoma Y vino del Espíritu Santo (porque sería un Ser Santo o divino) y el X de su madre, porque sería también humano. Por eso vemos que Jesús se llama a Sí mismo en los Evangelios Hijo de Hombre e Hijo de Dios. Él era Dios encarnado, Dios y carne, y mantenía intactas ambas naturalezas. Algunas personas me han manifestado su incredulidad respecto al nacimiento virginal de Jesús, afirmando que es irrelevante, pero no es así. Si Jesucristo hubiese nacido de hombre hubiese heredado el pecado original, y no hubiera podido fungir como el Cordero sin pecado que murió en tormentos para llevar sobre Sí nuestras rebeliones y salvarnos. Lo más fascinante es que los cromosomas no fueron descubiertos sino hasta a mediados del siglo XIX.
Es importante resaltar que, si bien las Escrituras describen sin lugar a duda el nacimiento de Jesús como virginal, ellas no sugieren que alguna otra persona haya nacido de la misma manera. La doctrina de que María nació inmaculada, es decir que fue concebida sin pecado, es opuesta a la Palabra al igualarla a Dios. María nació de un padre y una madre terrenales, y necesitó de la Salvación proveída por Jesús como tú y como yo. Si bien debemos aprender de su fe y humildad ya que fue el maravilloso ser que Dios eligió para su encarnación, adorarla como a Dios es un error doctrinal grave que además no tiene ninguna base en las Escrituras. Pero la maternidad virginal de Jesús es parte esencial de nuestra fe, y por ello se había anunciado 7 siglos antes:
“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.” Isaías 7:14

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