Es Necesario Nacer de Nuevo

“Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.” Juan 3:2

Nicodemo era fariseo (una secta ortodoxa que velaba por el cumplimiento de la ley o Torá) y miembro del Sanedrín, un cuerpo que juzgaba los asuntos del pueblo de Israel, aunque no podía sentenciar pena de muerte. Era un erudito que, intrigado por los milagros que le contaron que Jesús hacía, fue a verlo de noche para no comprometerse. Este hombre (junto a otros porque dice “sabemos”), habían creído en el Señor, sin embargo, trata a Jesús de Maestro, no como Mesías. Pero la respuesta de Jesús a su afirmación debió haberlo dejado en shock: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” En otras palabras, le estaba diciendo: “Yo no traigo más religión Nico. Que bueno que hagas tus abluciones para purificarte, que ayunes dos veces por semana, que sin falta traigas al templo tus diezmos y ofrendas, y que ores tres veces al día. Es excelente que hagas todo eso. Además, eres un hombre virtuoso, respetable y una gran persona, pero eso no te da acceso al cielo. Se requiere nacer de nuevo.”

Imagino que todas las creencias y paradigmas de Nicodemo se sacudieron. Este hombre ejemplar conocía en profundidad la Ley y sabía que ella misma contiene una maldición porque nadie puede cumplirla. Pablo dice que todos pecamos y estamos destituidos de la gloria de Dios, y que la paga de ese pecado es la muerte. Solo naciendo de nuevo, es decir siendo re-creados, hechos nueva criatura, podemos salvos. No entramos al cielo por obras sino por gracia, de modo que podemos clasificar a la humanidad en dos grandes grupos, los que de corazón creen en Jesús y son salvos por su gracia, y todo el resto que son condenados independientemente de su religión y del bien que hagan en vida. Todos nacemos con el espíritu apagado por el pecado original que heredamos, pero al invitar a Jesús a señorear nuestra vida, el Espíritu Santo enciende nuestro espíritu individual, y nos reconectamos con Él.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Juan 3:16

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