Viendo lo que Dios Ve

“Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes.” Génesis 17:5
El nombre de nacimiento del padre y patriarca de la fe era Abram, que significa “padre enaltecido.” Un nombre un poco contradictorio si entendemos que Abram no tenía hijos, ya estaba mayor, y su esposa, quien ya había pasado hace años la menopausia, era estéril desde su juventud. En otras palabras, la esperanza parecía perdida y el nombre sonaba sarcástico. Pero Dios acá decide cambiarlo por uno más irónico aún: Abraham, que significa “padre de multitudes.” Ahora no era un padre de uno sino de multitudes. La gente se extrañaba cuando Sara lo llamaba con semejante nombre. Es probable que muchos se rieran. De hecho, en una oportunidad Dios visitó a Abraham y le preguntó por Sara quien escuchaba desde su tienda cerrada, y profetizó: “De cierto volveré a ti; y según el tiempo de la vida, he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo.” Y la Biblia nos relata que esta mujer mayor y estéril se rio para sus adentros preguntándose: “¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?”, una pregunta razonable dada la situación. Luego Dios le dijo que el niño se llamaría Isaac, que significa “risa.”
Dios también le cambió el nombre a Simón, que significa “caña” por Pedro que describe a una piedra o roca. Cambiarte el nombre implica declarar quien verdaderamente eres, a pesar de que en lo natural no parezcas serlo. Abraham no entendía y pensaba que sería uno de sus servidores quien heredaría su fortuna. Pero un maravilloso día Dios lo sacó de su tienda y le dijo: “Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.” Y Abraham comenzó a ver las incontables estrellas del firmamento viendo pequeños rostros de bebecitos y jóvenes que serían sus sucesores. Y creyó, y le fue “contado por justicia.” Aunque no cambies tu nombre, Dios te invita a ver, a soñar, a visualizar lo que quieres para dártelo. ¿Qué anhelas? ¿Con qué sueñas? Si está de acuerdo con las Escrituras, te invito a verlo, a imaginarlo, a olerlo y palparlo. Ya Jesús te lo dio en la cruz y solo necesitas manifestarlo. Él le creyó a Dios simplemente porque Él:
“… llama las cosas que no son, como si fuesen.” Romanos 4:187b

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