La Palabra Que Produce Fruto

“Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así.” Génesis 1:11

En el tercer día de la creación Dios creó el sistema de reproducción vegetal que persiste hasta hoy. Observa que Él no creó plantas sino un sistema de continua producción (“produzca la tierra …”) según su género y semilla. Por eso ahora, milenios después, todavía una semilla de mango produce mangos y una de naranja, naranjas. Nadie ha podido imitar eso, ni cambiarlo. Además, ¿qué te dice el hecho de que Dios creó alimento para billones de personas cuando aún no existía ninguna? Que Dios preparó con antelación la llegada de su creación más preciosa, la humanidad, y desde entonces produjo el sistema que aún prevalece hoy y seguirá en vigencia hasta el final de los tiempos. De hecho, luego del Diluvio Universal donde debió juzgar la maldad de la humanidad, dijo: “Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche.” La sementera es la semilla para la siembra, y la siega es la cosecha. Otra cosa muy importante: ese fruto no se produce con dolor ni esfuerzo sino de manera natural. Nunca he visto una espiga de trigo pujando y gruñendo del esfuerzo para producir una mazorca, no. La orden de la voz de Dios permanece.

Cada semilla da fruto según su género. Jesús nos enseñó también que la Palabra de Dios se compara a una semilla que, una vez sembrada, y dependiendo del terreno, puede o no dar fruto. Así cómo Dios activó el poder de la tierra y creó un sistema constante y sin esfuerzo de auto sostenimiento, así nosotros, hechos a su imagen y semejanza debemos declarar palabras (semillas) de vida, y no estoy hablando de declaraciones “positivas” sino de la incorruptible y eterna Palabra de Dios, de su Espíritu. Aprendamos a hablar vida, bendición, fe y esperanza, paz, posibilidades. Por eso el Salmista clama “Pon guarda a mi boca, oh Jehová; Guarda la puerta de mis labios”; Salomón nos advierte que en nuestra lengua está el poder de la vida y de la muerte, y Pablo nos insta a que ninguna palabra corrompida salga de nuestras bocas

“…sino la que sea buena para la necesaria edificación…” Efesios 4:29

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