Las Tres Crucifixiones de Jesús

“…Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.” Mateo 26:56b
Después de haberle pedido Jesús dos veces a sus discípulos más íntimos, Santiago, Juan y Pedro que le acompañaran en oración porque: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo”, y hallarlos dormidos también por la tristeza de ellos, finalmente llegó el traidor, con los guardias a capturarlo. Pero si eso fuera poco, todos los discípulos lo dejaron, Pedro lo negó tres veces y de acuerdo con lo profetizado en el segundo Salmo, los reyes y príncipes de la tierra consultaron unidos contra el Ungido de Jehová. Quizás debido al poder de las películas, hoy en día todos tenemos una imagen aproximada del dolor físico que padeció nuestro Señor al morir por nosotros. Isaías nos dice que el castigo fue tan brutal que su rostro fue desfigurado hasta ser irreconocible por lo deforme, y compara el cuerpo de Jesús con una llaga, no con varias en su cuerpo, sino con una sola. ¡Su cuerpo era una llaga!
Sin embargo, ¿has pensado en el ataque brutal que el Señor recibió también en su alma, en sus emociones, al ser traicionado, abandonado, humillado, escupido? Hasta muchos de aquellos que recién le recibieron cantando Hosana, pronto gritarían “crucifícalo.” Sin embargo, a Judas, al momento de entregarle, le llamó Amigo, y en la Cruz oró “perdónalos, Señor, porque no saben lo que hacen.” Pero hay más, el ataque espiritual profetizado por David mil años antes en el Salmo veintidós. La Biblia dice que al mediodía “hubo tinieblas sobre toda la tierra.” No eran nubes, eran los principados, potestades, y gobernantes de huestes de maldad; todos los demonios del infierno se atrevieron a ver el espectáculo porque creían estar venciendo. El ambiente era espeluznante y tétrico, como lo describe en su visión David: “Porque perros me han rodeado; Me ha cercado cuadrilla de malignos; Horadaron mis manos y mis pies.” Es obvio que Jesús no está hablando de las personas por las que Él mismo está orándole al Padre que perdone. Estos son otros seres: “Sálvame de la boca del león, Y líbrame de los cuernos de los búfalos.” El ataque fue brutal, pero no solo físico sino también emocional y espiritual, y lo llevó todo por ti y por mí, que somos el fruto de tanta aflicción y dolor. ¡Gracias Jesús!
“Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho;” Isaías 53:11a

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