Necesitas conocer el Don de Dios

“Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.” Juan 4:10
Jesús está hablando con una mujer de Samaria a quien le propone el intercambio divino: dame tu agua natural y yo te daré agua viva, pero para que ella pueda aceptar y apropiarse de ese maravilloso intercambio necesita dos cosas según este verso: 1) Conocer el don (regalo) de Dios, y 2) Conocer a Jesús, quien se la ofrece. Muchas personas, a pesar de haber creído, ignoran el don de Dios. ¡Cuántos creyentes se sientes cómodos en la pobreza, asumiendo una suerte de beatificación en ella! Están enfermos y hablan de su sufrimiento con cierta satisfacción. Una vez escuché a una dama afirmar que todas las noches sentía el dolor de los clavos de Jesús en sus manos y pies, y su amor. ¿Por qué piensan que Jesús haría algo así? Porque desconocen el don de Dios. Si conocieran que en la Cruz Él llevó todos sus pecados, sus enfermedades, sus maldiciones y pobreza, entenderían el don de Dios, que su voluntad es buena, agradable y perfecta; que tiene para nosotros planes de bien y no de mal, y que Él es luz y en Él no hay ningunas tinieblas. Si quieres recibir lo que Dios tiene para ti, necesitas conocer y recibir el buen don de Dios.
Por el otro lado, ¿has escuchado alguna vez a alguien decir que Dios le mandó una enfermedad, que lo separó de su familia o que lo llevó a la quiebra “para darle una lección”? Definitivamente no conocen el amor del Rey que te ofrece el intercambio, a Jesús. ¿Cómo Aquel que murió para perdonarte y sanarte, te va a enfermar? ¿Cómo el que vio a “hacer volver el corazón de los padres a los hijos, y de los hijos a los padres, va a separar a tu familia o el que promete ser tu pastor, te va a causar quiebra? Vivimos en un mundo caído, apartado de Dios por siglos, gobernado por un sistema de codicia y comparación, fuertemente influenciado por el diablo, y en nuestra confusión nos hemos creído dioses bajo la ilusión de ser “dueños de nuestro destino” separados de Dios. Esas son las razones para tantas guerras, enfermedades y desaliento, no Jesús. Él es la vida, el bien, la paz, y es una blasfemia atribuirle a Dios lo que Él no es.
“El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” Juan 10:10

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