Tenemos Paz con Dios

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;” Romanos 5:1

A través de nuestro Señor Jesucristo hemos sido justificados, es decir hechos justos. Ya no eres un pecador, sino eres apartado que es lo que significa la palabra santo. Pero debido a tantos años creyendo en religiones que nos hacen sentir inadecuados, en medio de nuestra odiosa cultura de comparación y bajo tanto ataque del enemigo, nos cuesta creerlo. Pero no creer en algo no lo hace falso. Según los Evangelios, toda la ira por nuestros pecados, pasados, presentes y futuros fue puesta sobre el cuerpo de Jesús, el Cordero Inmolado. Él llevó tus pecados, rebeliones, enfermedades, maldiciones y pobreza para que tú no tengas que llevarlos. La deuda está pagada. No es necesario seguir esclavizados. Dios quiere que seamos libres (Juan 8:36), que nuestro gozo sea cumplido (1 Juan 1:4), que tengamos una vida abundante (Juan 10:10).

Pero necesitamos fe para recibir. De hecho, nuestro orgullo es tan sutil que se niega a recibir lo que Dios ya hizo y ya nos dio. Nos parece un acto de humildad ignorar o aún rechazar algunas de sus bendiciones (como cuando Pedro no quería que Jesús le lavara los pies), pero es que en el fondo creemos que al menos una pequeña parte de nuestra salvación viene de nosotros, a través de nuestra conducta, buenas obras, o meditación. Por eso inventamos al purgatorio, un lugar donde se supone culminemos, a través del sufrimiento, lo que Jesús hizo. Pero Él dijo al expirar: “Consumado es.” Completo. Nada falta por hacer. La deuda ha sido pagada en su totalidad. Dios no puede amarte más de lo que te ama. Si has aceptado a Cristo como tu único y suficiente Salvador, estás bajo su pacto, has sido adoptado y como en toda adopción, has adquirido todos los derechos del hijo. No pueden ser revocados. Nadie puede adoptar a un niño y luego devolverlo porque se portó mal. Mucho menos Dios, que es el mejor de los padres. Tú eres agradable a Dios y El se deleita en ti. Él no está observándote constantemente para ver donde fallas. Él vive en ti y camina contigo, y quiere ser parte esencial de todas las áreas de tu vida.

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios;” 1 Juan 3:1a

Los comentarios están cerrados.