¿Enfocado en los Procesos o en las Personas?

“Y mirándolos a todos alrededor, dijo [Jesús] al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano fue restaurada. Y ellos se llenaron de furor, y hablaban entre sí qué podrían hacer contra Jesús.” Lucas 6:10-11

Jesús, en su infinito amor, estaba sanando a un hombre que tenía su mano derecha “seca.” Imagino que era una forma de parálisis que probablemente le impedía trabajar a su máxima capacidad, acariciar a sus seres queridos, y hacer muchas otras actividades diarias tan simples como peinarse o vestirse. No conocemos los detalles, pero sabemos que Jesús lo sanó. ¿Qué ocurrió después? ¿Se alegraron los religiosos por el poder de Dios y organizaron una cruzada de sanidades? No. ¿Hicieron fiesta para celebrar la nueva vida de este hombre enfermo que ahora era libre? Tampoco. “Se llenaron de furor” y buscaban que “hacer contra Jesús”. ¿Por qué? ¿Acaso eran hombres malvados? No lo creo. El problema radicaba en que el Señor hizo este milagro en el día de reposo. Para ellos era más importante el proceso que la persona.

Dios instauró el día de reposo como un período semanal para recuperar fuerzas, para disfrutar de la familia y sobre todo, para desconectarse del día a día y los negocios, y enfocarse en su Creador. Era un tiempo de estudio de la Palabra, de adoración, acción de gracias, descanso y restauración espiritual. Pero a través de los años los religiosos fueron creando normas y rituales que no estaban en las Escrituras. En la narrativa de este mismo acontecimiento por Mateo, Jesús les explica su razonamiento con dos simples preguntas: “¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si esta cayere en un hoyo en día de reposo, no le eche mano, y la levante? Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja?” Pero ellos no escucharon, no querían entender, solo querían seguir controlando. Y esto no ha cambiado luego de dos mil años. Todavía muchos creyentes se quieren erigir en los jueces de la santidad de otros, lo cual Jesús jamás instituyó. Eso me recuerda del pastor a quien un nuevo miembro le preguntó, “¿puedo orar mientras fumo?”, y él respondió “por supuesto.” Poco después le consultó: “¿y fumar mientras oro?” “¡Jamás!” Para Jesús las personas siempre importaron (y le importan) más que las normas.

“… El Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.” Lucas 6:5

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