¿Está Tu Nombre Inscrito?

“Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.” Lucas 10:18

Los setenta discípulos que Jesús envió a las ciudades, empezando por Jerusalén, para que anunciaran su llegada, regresaban llenos de gozo y poder. Le decían al Señor, Maestro, los demonios se nos sujetan en tu nombre, los enfermos son sanados, y anunciamos tu Palabra. Y Jesús les confirma diciéndoles que Él mismo, mientras ellos estaban en el campo, orando y anunciando el Reino de Dios, podía ver a satanás y a sus huestes de maldad caer como rayos del cielo (imagino que al abismo), vencidos por el poder del Cordero. Era un momento de regocijo para ellos y Jesús les dice: “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.” ¡Imagínense eso! Recibieron la potestad, es decir la autoridad y poder para pisar y someter a serpientes y escorpiones, no los animales sino manifestaciones demoníacas. Por eso agrega “sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.” Me impacta pensar que cuando oramos, cuando nos conectamos con el Creador del universo, nuestras oraciones e intercesión cambian circunstancias, presentes y futuras, y pueden hacer caer del cielo a satanás y a sus demonios, liberando a personas e incluso regiones, trayendo libertad a los oprimidos y sanidad a los enfermos.

Sin embargo, Jesús continúa diciendo que no se alegren porque los demonios se les sujetan, sino por algo mayor: “sus nombres están escritos en los cielos.” Esto implica algo trascendente: Que hay un libro en los cielos donde los nombres de los que son salvos se escriben, de modo que cuando aceptas a Cristo como Salvador, no solamente los ángeles celebran, no solo el Espíritu Santo de Dios se muda a ti, sino además tu nombre se escribe en un lugar indeleble en los cielos. Eres adoptado por la familia. Tus pecados son perdonados y la gracia de Dios viene sobre ti. Tu vida comienza a ser transformada por la renovación de tu entendimiento. Se acabó la orfandad.

“Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” Romanos 8:38-39

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