Erramos porque Ignoramos

“Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios.” Mateo 22:29

Jesús le estaba respondiendo a un grupo de saduceos, una secta judía ortodoxa que no cree en la resurrección de los muertos. Estos le habían hecho a Jesús una pregunta rebuscada con el fin de debatirlo (te invito a leer el capítulo), pero la respuesta del Maestro es una joya en sí misma: Erráis (es decir, se equivocan, cometen errores, meten la pata), porque ignoran las Escrituras y el poder de Dios. Y ese es el problema central de la humanidad hoy día, tanto en lo individual como en lo familiar y social. Hemos decidido que nosotros somos más astutos y sabios que Dios, y además hemos preferido lo que nos dicen los “científicos”, los políticos, los medios (corrompidos y sometidos a una agenda), y lo que nosotros mismos nos decimos, en vez de lo que dice la Palabra, a pesar de las pruebas irrefutables de su exactitud arqueológica, histórica, geográfica, profética, filosófica, psicológica, etc.

La ignorancia nos vuelve torpes y arrogantes. No solo sabemos muy poco, sino que creemos que lo sabemos todo. Esa misma ignorancia nos produce la ilusión de que somos independientes. Es un círculo vicioso. Pero los indicadores sociales, los medios de comunicación y las noticias nos demuestran que vamos en la dirección equivocada. La humanidad sigue confundida, queriendo cambiar los géneros, las leyes naturales, definir a partir de cuantas semanas de concebido un bebé se considera humano, redefinir los mandamientos, y por supuesto, a Dios. La Biblia, por su parte, ha demostrado por milenios ser el libro (o recolección de libros) más importante que se haya escrito alguna vez. Aún hoy mantiene su récord mensual de ventas, conteniendo principios para la vida, el matrimonio y educación de los hijos, la convivencia, el manejo de las finanzas, cómo ser sanos en el nombre de Jesús, así como información coherente respecto a las preguntas esenciales: De donde venimos, para qué estamos acá, qué es moral y que no, y a donde iremos luego de partir físicamente. Pero ¿cuál es el problema? ¡Que a pesar de que Dios habla claro y lleno de amor, ¡no lo queremos oír!

“y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.” 2 Timoteo 4:4

Los comentarios están cerrados.