Un Corazón como el de Dios

“… He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero.” Hechos 13:22b
¿Cómo es posible que un gran rey, David, que también cometería graves errores, sea llamado por Dios “varón conforme a mi corazón”? ¿No tendría que ser perfecto? Parece que no para Dios. Él sabe que todos fallamos, pero elige enfocarse en nuestras virtudes más que en nuestras debilidades. ¿En qué pudo parecerse David a Dios? Bueno, David era valiente al punto de confrontar a un gigante, pero más que eso, se había entrenado peleando con osos y leones para librar a sus ovejas, cuando nadie lo veía. Tenía celo por ellas y confiaba en que Dios lo ayudaría a defenderlas. Cuando era adolescente, vinieron a su casa para ungir al nuevo rey, y ni lo llamaron. Su padre y hermanos lo subestimaban, pero el profeta lo hizo traer y lo ungió. Cuando al rey Saúl le atacaba un espíritu inmundo de parte de Dios (sí, de Dios), David tocaba el arpa y el demonio huía, volviéndole la paz a Saúl, de modo que el joven, aparte de ser un músico y salmista consumado, estaba ungido con poder divino en su alabanza.
Sin embargo, Saúl, en un ataque de envidia, le arrojó una lanza que David esquivó antes de huir. El rey lo persiguió obsesivamente y dos veces David pudo matarlo fácilmente, pero no lo hizo porque David razonaba algo como: “Él es el rey, Dios lo ungió y lo puso allí, que sea Él mismo quien lo quite, yo no soy Dios.” Muchos años después, cuando David era rey y Saúl y su hijo Jonatán habían muerto, David buscó a sus herederos (quedaba solo uno) y lo honró, y lo mantuvo, a pesar de que la costumbre era matar a todos los herederos del anterior rey para evitar futuros rivales. Me impresiona la corta descripción que hicieron de él cuando era adolescente: “sabe tocar, y es valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y Jehová está con él.” Y si todo esto fuera poco, David adoraba a Dios y preparó lo necesario para que su hijo Salomón construyese el templo. Por eso danzaba para Dios con todo su corazón y fuerzas, sin pena alguna. No en vano llamaban a Jesús, Hijo de David.
“Cuando el arca de Jehová llegó a la ciudad de David, aconteció que Mical hija de Saúl miró desde una ventana, y vio al rey David que saltaba y danzaba delante de Jehová…” 2 Samuel 6:16a

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