El Dios que No comparte su Gloria

“Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas.” Isaías 42:8

El primero de los Diez Mandamientos es: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios…” Dios quiere ser buscado en Espíritu, porque es la única forma en que puede ser hallado. Adorar una escultura, un árbol, una pirámide o cualquier objeto creado por el hombre es una perversión espiritual, una blasfemia y algo que Dios desprecia. Y yo me pregunto: Si Dios, en su infinita sabiduría, resume los estatutos generales de nuestra vida en solo diez, ¿serán importantes? Y si luego, dentro de esos diez, pone este antes de “no asesinarás o no robarás”, ¿será este relevante? Entonces, ¿por qué es tan ignorado no solo en las religiones, sino en la vida? Nuestra sociedad está llena de ídolos invisibles, como el dinero, el poder, el sexo y el hedonismo.

Pero fuimos creados para su gloria, para adorarlo, y en nuestra constante búsqueda de saciar nuestro vacío (por estar separados de Él), empezamos a adorar a estrellas deportivas o artistas, a gente poderosa o atractiva, y hasta a nosotros mismos. Otros idolatran sus cuerpos, talento, su belleza o “éxito”. Buscamos constantemente llenar esa separación de Dios. En el Jardín de Edén estábamos desnudos y no nos avergonzábamos, porque teníamos comunión con Dios. Al morir espiritualmente por creerle a la serpiente y desobedecer al Creador, nos desconectamos de Dios, pero quedó en nosotros el deseo de adorar. Invita ahora mismo a Jesús a tu vida; reconoce tus pecados y cree que Él pagó por todas tus rebeliones en la cruz, y tu espíritu volverá a conectarse con el de Dios. De hecho, el Espíritu Santo se mudará a ti, despertarás a la vida eterna y será deshecha toda vergüenza. Entonces podrás volver a adorarlo en Espíritu y en Verdad, como se lo indicó Jesús a la mujer samaritana. Deja ya de buscar a Dios en altares y rituales, en personas o en edificios que no pueden contenerlo. Él quiere vivir en ti. Solo búscalo y Él se dejará hallar:

“y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.” Jeremías 29:13

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