Cosechando al Ciento por Uno

“Y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno; y le bendijo Jehová.” Génesis 26:12
Es interesante resaltar que al inicio de este capítulo se nos informa que había hambre en toda la tierra. Cuando leemos que Dios bendijo a Isaac con una extraordinaria cosecha, no fue porque éste empezó a exportar productos agrícolas. Por otro lado, una cosecha del ciento por uno significa que, por cada dólar que inviertes, recibes cien, porcentualmente estamos hablando de un retorno del nueve mil novecientos por ciento. Además, la expresión “y le bendijo Jehová” incluida, nos indica que no solo Isaac se enriqueció ese mismo año (observa que dice “aquel año”), sino que además bendijo su vida. El gran rey Salomón nos compartiría siglos después que: “la bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella.” ¡Eso es bendición!
Pero ¿cómo pudo haber ocurrido esto? Bueno, es imposible desde el punto de vista natural, pero no desde el espiritual. Más adelante vemos que Issac abrió pozos que estaban cerrados por años, y al abrirlos y obtener fuentes de agua (algo esencial para quienes pastorean), los pastores vecinos venían a reclamar el precioso recurso diciendo que era de ellos. ¿Qué hacía Isaac? ¿Los demandaba, buscaba abogados o lo sacaba a la fuerza con un ejército privado? No, nada de eso, lo dejaba y se iba y abría otro. El secreto era y sigue siendo simple. Isaac estaba bajo pacto con Dios. Dios había dicho a su padre Abraham que a través de ellos, todas las naciones de la tierra serían benditas. ¿Cómo puedes bendecir naciones generacionalmente si estás en pobreza? No se puede. Isaac sabía que la bendición (tanto de salud, relacional, espiritual como la financiera) estaba dentro de él, en lo espiritual. La bendición no era el pozo, era Dios en él que, adonde iba, surgían aguas. No altercaba ni peleaba, solo seguía buscando. Todo lo que vemos en lo natural, nace de lo espiritual. Este patriarca tenía comunión con Dios y creía en el pacto. Eso fue lo que le hizo sembrar (invertir) cuando había hambre en la tierra. Si eres creyente en Jesucristo, eres también heredera/o de Abraham. Deja de afanarte y pelearte con familiares y amigos, cree en Dios, Él es tu fuente, tu proveedor.
“Tú eres mi Señor; No hay para mí bien fuera de ti.” Salmos 16:2b

Debe estar conectado para enviar un comentario.