Por Amor a Mi Siervo

“Y se le apareció Jehová aquella noche, y le dijo: Yo soy el Dios de Abraham tu padre; no temas, porque yo estoy contigo, y te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia por amor de Abraham mi siervo.” Génesis 26:24

El Señor le informa y promete varias cosas maravillosas a Isaac, pero antes que nada, se identifica: “Yo soy el Dios de Abraham, tu padre”, y su primera instrucción es una orden: “No temas”. Cada vez que Dios o un ángel se manifiesta en la Biblia, su primera o segunda frase es: “No temas”. Me parece ingenua la manera en que muchos imaginan y representan ángeles al estilo de Cupido, infantiles, tiernos y gorditos, pero la Biblia los describe como seres magníficos que causan profundo temor y reverencia. Y luego Dios le explica a Isaac por qué no debe temer: “porque yo estoy contigo”. ¿No es maravilloso? Ese Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob es el mismo Dios que tú, si eres creyente, y yo seguimos. Cuando lo adoras y le sirves, lo estás haciendo al mismo Dios a quien adoraron y sirvieron los grandes de las Escrituras: David, Salomón, Josué, Moisés, los profetas como Jeremías y Daniel, y los apóstoles como Pedro y Juan. Piensa en eso la próxima vez que ores. Le estás clamando al mismo Dios a quien Gedeón, Nehemías, Samuel, Sansón, Isaías, Rut, María, la madre de Jesús, María Magdalena, Lázaro y muchos otros clamaron.

Sin embargo, lo más maravilloso luego de la promesa que le hace (“te bendeciré y multiplicaré tu descendencia”) es la explicación que Dios mismo le da sobre por qué hace esto por Isaac: “Por amor de Abraham, mi siervo.” La razón por la que Isaac recibe esa protección, promesas y herencia es la relación que existe entre Dios y Abraham (a quien Dios, en Isaías, llama su amigo). De hecho, esta es una sombra, un anticipo de lo que tú y yo recibimos en la cruz del calvario y en la resurrección de Jesucristo. Bendiciones, protección, sanidad, provisión y promesas, todas inmerecidas, que Dios nos da por amor a Jesús, el Hijo. Piensa en esto: si tienes una relación genuina e íntima con Dios a través de Jesucristo, Él va a bendecir no solo tu vida sino la de los que te rodean y a tu descendencia, por amor a ti.

“Porque yo ampararé esta ciudad para salvarla, por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo.” 2 Reyes 19:34

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