Restauremos el Honor – P3

“Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente.” Jesús en Mateo 15:4
Hace solo dos o tres décadas era inimaginable ver a un estudiante de primaria o adolescente insultando u ofendiendo a su padre o madre. Era simplemente inadmisible y nadie lo toleraba. El respeto a las autoridades empezaba con los padres y se extendía a los maestros, quienes eran percibidos como socios de los padres en cuanto al desarrollo de sus hijos. Luego teníamos a los pastores y líderes, así como a los policías. El honor se respiraba. Los niños querían ser bomberos para salvar vidas heroicamente, o policías para atrapar a los malos y defender a los buenos. Y por supuesto estaba sobre todo el honor y temor de Dios. Todo ese honor, toda esa hermosa fuerza que se distribuía entre Dios, los padres y el resto, parece haberse volcado hacia adentro y ahora solo queremos honra para nosotros mismos, sin merecerla, sin sacrificio, sin esfuerzo. Los niños ahora solo anhelan ser famosos, no importa en qué, siempre y cuando sean reconocidos. Ese egoísmo, ese narcisismo que hemos permitido, unido a la fuerza arrolladora de las redes sociales, ha activado un espíritu de irrespeto, de deshonor, de rebelión contra las autoridades, y contra todas las instituciones, incluyendo a la familia.
Ahora bien, cuando Jesús está afirmando que aquel que maldiga a su padre o a su madre muera irremisiblemente, no solo está citando la Ley o Torá, sino que está confirmando un principio bíblico: del mismo modo que hay bendición de larga vida y prosperidad a los que bendicen a sus padres, hay maldición sobre el que les deshonra, como podemos ver en Proverbios 20:20 “Al que maldice a su padre o a su madre, Se le apagará su lámpara en oscuridad tenebrosa” y 30:17 “El ojo que escarnece a su padre Y menosprecia la enseñanza de la madre, Los cuervos de la cañada lo saquen, Y lo devoren los hijos del águila.” El problema es que las leyes espirituales están asociadas a procesos y no a actos inmediatos, y con frecuencia, cuando vemos la cosecha, no la conectamos con la siembra. Nos preguntamos por qué no nos va bien si hacemos tanto esfuerzo, y no nos damos cuenta de que estamos en pecado y bajo maldición. Sembramos mala semilla y no entendemos por qué nace solo cizaña. Pero si quieres bendición, la instrucción es clara:
“Honra a tu padre y a tu madre, como Jehová tu Dios te ha mandado, para que sean prolongados tus días, y para que te vaya bien sobre la tierra que Jehová tu Dios te da.” Deuteronomio 5:16

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