¿Sabio o Apegado a Dios?

“Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David.” 1 Reyes 11:4
¿Qué es más importante, la sabiduría o tener un corazón perfecto ante Dios? Bueno, antes que nada, ¿a qué nos referimos con un corazón perfecto? Es claro que no se refiere a no cometer errores porque David cometió muchos y graves. ¿Cuál es la diferencia? Simple: cuando David erraba y era confrontado por Dios, se arrepentía de veras. Además, él buscaba a Dios en sus peores momentos, cómo cuando Saúl lo asechaba, y en los mejores, como cuando danzó trayendo el arca del pacto a Jerusalén. Salomón, por su parte, era el hombre más sabio de la tierra según lo determinó Dios mismo, pero “su corazón no era perfecto con Jehová su Dios,” sino que se dejó llevar por sus mujeres extranjeras que eran idólatras, como las amonitas, moabitas y las sidonias. Jesús, refiriéndose a Si mismo afirma que Dios “escondió estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las reveló a los niños.” Es decir que muchos eruditos, como los principales entre los fariseos quienes conocían de memoria la Ley o Torá y cumplían sus rituales, no se percataron de que Jesús era el Mesías, mientras que otros menos educados, tuvieron la sensatez de reconocerlo basado en las obras que hacía y en lo poderoso de su mensaje.
Ahora bien, la pregunta es: ¿qué puede hacer que desvíes tu corazón de Dios? ¿Es posible que cierto estilo de vida, amistades e incluso familiares, desvíen tu corazón de los caminos de Dios? Si le pasó al rey más sabio de la tierra, ¿será que nos puede pasar a ti y a mí? Por supuesto, ¿y qué podemos hacer para asegurarnos de no apostatar ni apartarnos de Dios? Lo primero es arrepentirte de tus errores y pedirle a Jesucristo que sea el Señor de tu vida. Él llevó sobre Sí nuestros errores, fracasos y maldades, pagando el precio que nos correspondía a nosotros pagar. ¿Para qué? Para darnos vida, porque no importa cuán buenos nos creamos, nosotros no podemos pagar por nuestros errores ya que todos somos reos de muerte. Lo segundo, acercarnos más y más a Dios, en las buenas y en las malas, y permanecer en Él y en su Palabra. Y tercero, no juntarnos en relaciones con yugo desigual. Las mujeres a las que Salomón amó fueron las que desviaron su corazón. ¿Quiénes son tus amigos más íntimos y consejeros? ¿Asistes a una iglesia? ¿Tus amigos íntimos te acercan a Dios o te alejan de Él?
“No os unáis en yugo desigual con los incrédulos…” 2 Corintios 6:14a

Debe estar conectado para enviar un comentario.