¡Bendito Seas Israel!

“Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” Génesis 12:3

Muchos cristianos estamos familiarizados con la bendición que Dios ofrece para los que bendigan a Israel, y la maldición que advierte contra los que la maldigan. Hay casos famosos como el expresidente y dictador de Venezuela, Hugo Chávez, quien maldijo Israel “desde lo más profundo de sus entrañas” y aproximadamente al año, se le desarrolló un cáncer en esa área, que terminó quitándole la vida. Sin embargo, la segunda parte del verso indica que su descendencia, Israel, sería instrumento de bendición para todas las familias de la tierra. Pensemos en eso. Después de que el pueblo de Israel salió de Egipto y pasó 40 años en el desierto guiados por Moisés, Josué, su sucesor, lo guio a la tierra prometida. En ese tiempo, todos los pueblos que allí habitaban la tierra que hoy ocupa Israel y sus alrededores, eran bárbaros, idólatras, politeístas, hechiceros y muy violentos. Sacrificaban niños vivos al dios Moloc o Quémos, con el fin de ser prosperados. Ejercían abiertamente la prostitución sexual en los templos para lograr la fertilidad con la ayuda de Astarté o Ishtar. Hacían altares a Baal y a muchas otras deidades, pero el patriarca Abraham fue el primer monoteísta. ¿Qué más nos ha dado Israel?

Bueno, para empezar, la Ley o Torá, conformada por los primeros cinco libros de la Biblia donde se establecen los 10 Mandamientos, además de múltiples normas de higiene y salud, de educación, la estructura de instituciones como el matrimonio, la familia, y la sociedad incluyendo normas de convivencia y justicia, y hasta reglas para la guerra. Además, el AT nos narra las bendiciones de hacer el bien y las consecuencias del mal. En otras palabras, lo que hoy consideramos humanidad y civismo no vino a través de un proceso espontáneo del hombre, sino que fue traído por Israel a través de la Palabra. ¿Qué más? Los profetas, 150 Salmos llenos de sabiduría que nos enseñan como orar y, si todo eso fuera poco, Jesús vino del tronco de Abraham, del pueblo de Israel, al igual que sus apóstoles, incluyendo a Pablo. No te dejes engañar por el discurso de odio y antisemitismo que escuchas. Escudriña las Escrituras y entiende que esa promesa se ha estado cumpliendo por milenios. El pueblo de Israel, tan solo unos 15 millones de personas en una pequeña franja de tierra del tamaño del Salvador, es una súper potencia militar, financiera y tecnológica, y la única democracia en todo el medio oriente. De ellos viene tu salvación:

“… porque la salvación viene de los judíos.” Jesús en Juan 4:22b

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