EL Poder de la Gratitud

“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.” 1 Tesalonicenses 5:18

En una oportunidad Helen Keller escribió: “Me han dado tanto que no tengo tiempo para reflexionar sobre lo que me han negado.” El enemigo y el mundo nos guían a enfocarnos constantemente en aquello que nos falta, no en lo que tenemos. Es bueno aspirar a tener más y a ser mejores, pero ignorar lo que ya tenemos y lo que hemos logrado es un gran acto de ingratitud, tanto hacia Dios como hacia las personas que Él ha usado para guiarnos, bendecirnos, proveernos o levantarnos. De hecho, Helen, a pesar de haber perdido la vista cuando niña y ser prácticamente sorda, fue la primera americana ciega que se graduó de la facultad de arte. Además, fue una defensora de los derechos humanos, escritora y quien hoy en día sería, sin duda alguna, una gran “Influencer”. ¿Cómo lo logró? Ella se enfocaba tan intensamente en lo bueno y en lo mucho lo que había recibido, que simplemente no le quedaba tiempo para quejarse, para lamentarse y mucho menos para victimizarse. ¿Alguna vez has hecho un inventario de todo lo que posees (o crees poseer) o solo piensas en aquello que no tienes y que crees que te falta?

En esta cita el apóstol Pablo nos insta a darle gracias a Dios en todo. Un corazón agradecido es siempre una tierra fértil para recibir bendiciones de parte de Dios y de parte de las personas. Un corazón agradecido invita a la generosidad, promueve la diligencia, atrae honor y reconocimiento. En cambio, la persona mal agradecida genera separación y pobreza, y promueve la deshonra y la falta de respeto. ¿Qué sientes cuando te esmeras en darle a alguien un hermoso regalo y la persona lo desprecia o lo critica? ¿Te sientes motivado a darle otro regalo aún mayor o te arrepientes de haberle dado lo que le diste? El problema es que podemos ser malagradecidos de diferentes maneras sin notarlo, como cuando criticamos o juzgamos a las personas que Dios ha puesto a nuestro alrededor. Cuando nos victimizamos y despreciamos a nosotros mismos, insultando a Aquel que nos creó. Cuando vivimos ansiosos queriendo controlar nuestro futuro, jugando a ser dioses, en vez de confiar en nuestro Hacedor. Si tú has creído en Jesucristo como tu único y suficiente Salvador, el Espíritu Santo mora en ti, pero ni aún su Espíritu puede ayudarte si eres ingrato, despreciando aquello que se te da por gracia. De hecho, no es casualidad que el verso posterior a dar gracias en todo simplemente nos diga:

“No apaguéis al Espíritu.” 1 Tesalonicenses 5:19

Los comentarios están cerrados.