El Dios de Arriba y de Abajo

“Aprende pues, hoy, y reflexiona en tu corazón que Jehová es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro.” Deuteronomio 4:39
Gracias a Dios por el pueblo judío. Bendito sean los que trajeron la Palabra de Dios en medio de un mundo que era, y sigue siendo politeísta y bárbaro, creyendo en muchos dioses y sin una referencia moral. Acá podemos ver cómo desde la misma Torá que Dios le dio a su pueblo elegido Israel (a través del profeta Moisés), se resalta la Unicidad de Dios (no hay otro) y que Él señorea tanto arriba en los cielos como abajo en la tierra. Eso implica que ambos ámbitos se conectan, que los Cielos se comunican con la tierra y viceversa, por eso Jesús nos dice que “todo lo que atemos en la tierra será atado en el cielo, y que todo lo que desatemos en la tierra será desatado en el cielo” (Mateo 18:18). En otras palabras, aunque tenemos visibilidad de lo terrenal y operamos en lo natural, lo que hacemos y decimos, nuestras oraciones y adoración, nuestra proclamación y testimonio tienen efectos en los Cielos.
Ahora bien, esa conexión se rompió hace miles de años cuando la primera pareja de la tierra decidió, como lo hemos hechos todos y cada uno de nosotros desde entonces, rebelarse contra la autoridad y señorío de Dios, para tratar de llevar sus vidas “a su manera.” Esa es una de las más grandes y falsas ilusiones del hombre. Poder señorear como dioses y forzar nuestra entrada al Cielo, pero eso es imposible porque “todos pecamos y estamos destituidos de la gloria de Dios,” de modo que ni por astucia ni con violencia podamos entrar al Reino. Además, la paga del pecado es la muerte, por lo que nadie se salvaría. Por eso Israel nos dio además a nuestro Salvador, a Jesucristo nuestra esperanza. Solo Él, el Cordero perfecto y sin mancha sacrificado en una cruz el día de Pascua, quien tomó el lugar que nos correspondía, pudo reconectarnos con el Dios que opera arriba en los Cielos y abajo en la tierra. Somos anfibios, creados para operar en lo natural pero guiados por lo espiritual. Desafortunadamente la mayoría ha elegido lo visible, incluso despreciando a Israel, sin conocer su mayor legado: nuestro Salvador
“Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos.” Jesús en Juan 4:22

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