Los tiempos de Dios

“En tu mano están mis tiempos;…” Salmos 31:15a

Nuestra mente occidental se concentra, por lo general, en lo inmediato, manteniéndonos alerta a las cosas que van acontecer en los próximos minutos u horas (aunque sean irrelevantes), y distraídos de las cosas futuras, aunque sean muy importantes. El resultado es predecible: el tiempo no se detiene y siempre van surgiendo nuevas cosas inmediatas que, aunque irrelevantes, ahora nos parecen urgentes, en un círculo vicioso. Así postergamos continuamente aquello que es esencial, hasta que el tiempo parece acabarse, despertamos, y corremos a tratar de recuperarlo. Por eso contamos los minutos cada vez que nos hallamos fuera de nuestra zona de confort (en nuestra zona de crecimiento), magnificando nuestra percepción de las circunstancias actuales e ignorando que estos retos y obstáculos son parte de un plan superior. Y ¿qué mejor manera de quitarnos la ansiedad de lo pequeño e inmediato que con satisfacciones pequeñas e inmediatas? Y así nos unimos al club de lo fácil e irrelevante, usando lo superficial para abatir el aburrimiento, con esfuerzos estériles, pequeños e incompletos…

David, en cambio, vivía enfocado en un plazo mayor. Por eso le perdonó dos veces la vida al rey Saúl, quien quería asesinarlo. Él ya tenía una profecía de que sería rey 1 Samuel 16:13 de modo que no se desesperaba porque Dios, a Su tiempo, actuaría en su favor. José, por su parte, soportó la traición de sus hermanos, la esclavitud y la prisión, porque él tenía un gran sueño y sabía que, a Su tiempo, se haría realidad Génesis 37:8. Dios tiene tiempos diferentes a los nuestros. ¡Si tan solo pudiéramos estirar un poco nuestra percepción y enfocarnos más en la tendencia, más en aquello hacia donde nos movemos, y menos en los pequeños fracasos y retrocesos aislados! Solo así viviremos más conscientes de la trascendencia de nuestras vidas. Cuando guías tu auto hacia un lugar especial, ¡no vas contabilizando el número de curvas, desvíos ni paradas! Esos detalles son irrelevantes porque tú persigues un gran destino:

“Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria;” 2 Corintios 4:17

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