La fe en acción, el ejemplo de Caleb

“Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar.” Josué 14:11

Cuando dijo estas palabras, Caleb tenía ochenta y cinco años (verso 10) y había acompañado durante cuarenta y cinco al pueblo de Israel, incluyendo los cuarenta vagando en el desierto. Josué y él fueron los únicos entre los doce príncipes que, cuando Moisés los envió a espiar la Tierra prometida, le dieron un reporte positivo; todos los demás se acobardaron (Números 13:26-33). Ellos dos le dijeron a la multitud desalentada en ese momento: “no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis” (Josué 14:9), pero la congregación, ya aterrada por el miedo colectivo “habló de apedrearlos.” (Josué 14:10)

¿Te Imaginas tener que caminar durante cuarenta años al lado de todos esos incrédulos y quejumbrosos por culpa de los cuales tu estás en el desierto y no de una vez, junto a tu familia, en la Tierra Prometida? ¿Podrías perseverar caminando a diario al lado de aquellos por cuya cobardía, la bendición que se supone recibirías en pocos días, se esté tardando años? Creo que eso requiere fe…y paciencia… y tolerancia. Caleb pudo haber elegido amargarse y maldecir a Dios; reclamar esa injusticia, ¿por qué debían él y los suyos pagar el precio de la cobardía de otros? ¡No es justo! ¡Él fue valiente y fiel a Dios! Pero Caleb hizo una elección diferente: esperó en Dios. Caminaba en el desierto diciéndose a si mismo: “yo tengo una promesa de Dios, yo tengo una promesa, esa tierra es mía, esa bendición me pertenece, podrá tardar pero esa montaña ya tiene mi nombre.” Lo más interesante es que en ese monte (Hebrón) todavía habitaban gigantes y muchos enemigos pero a pesar de la larga espera, a pesar de su edad, a pesar de que tenía que nuevamente ir a la batalla, Caleb dijo a Josué:

“Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho. Josué entonces le bendijo, y dio a Caleb hijo de Jefone a Hebrón por heredad.” Josué 14:12-13

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