¿Buscas a Dios?

“y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.” Jeremías 29:13

Dios no es una religión a quién se encuentra en rituales ni una lista de instrucciones morales creada con el fin de diferenciar a los buenos de los malos. Aquellos que inventaron las religiones junto a todos los que las siguen, sencillamente no Le conocen sino Le suponen; lo consideran una entidad lejana en vez de un Padre cercano; un ser etéreo y no Aquel que por amor se entregó a Sí mismo. Pero acá vemos que aún desde antes del sacrificio de Jesucristo para reconectarnos con el Padre, el Señor ha deseado que tú y yo Le busquemos. Él desea ser hallado porque Su amor por nosotros es infinito. El Espíritu Santo quiere que tengamos comunión con Él; quiere relación, amistad, cercanía y no solamente pedidos y reclamos. Él no es un Dios de domingos, de cuando estamos asustados ni de cuando no tenemos otra opción. Debemos buscarlo siempre, “de todo nuestro corazón.”

Dios no se impresiona con nuestras obras de caridad ni con nuestra moral, por nuestra muy vana palabrería, por las tantas veces que a la ligera decimos “Dios te bendiga” ni por oraciones balbuceadas como mantras mientras nuestra mente está enfocada en otra cosa. El quiere nuestra mente, corazón, voluntad y fuerzas (Marcos 12:30). Él te creó, ya dio Su vida preciosa por ti y por mí, y es digno de que Lo amemos y solo cuando eso ocurra, Lo encontraremos. Eso me encanta de Jesús, no lo puedes engañar, manipular ni hacer que te tenga lástima. Él sabe exactamente lo que hay en tu corazón y si no lo buscas con sincero anhelo (“de todo tú corazón”), sencillamente no Lo encontrarás. Con Dios no hay atajos y Él detesta la hipocresía así que empieza a amarlo ahora mismo, exaltando Su nombre y agradeciéndole por todas las cosas que solo Él te ha dado y otorgado; la mayoría de ellas antes de tú saberlo.

“Pero así dice Jehová a la casa de Israel: Buscadme, y viviréis;” Amós 5:4

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