¿Que prefieres, dar o recibir? Parte 1

“En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.” Hechos 20:35

Vivimos en una sociedad enfocada en lo que recibimos, donde el principal motivante para la acción es lo que obtenemos, trátese de dinero, status, poder o placer. Las campañas publicitarias están impregnadas de expresiones como “sé indulgente contigo mismo…tú te lo mereces…tu lo vales…” y “obtén más por lo que das…” No estoy en contra de disfrutar de las bendiciones de la vida, Salomón dice que esto es un don de Dios (Eclesiastés 5:18-19), pero la naturaleza y la Palabra nos enseñan que para poder cosechar, primero hay que sembrar. El mensaje central de este mundo es que todo se trata de ti, que todo gira a tu alrededor, que primero estás tú, después tú y luego tú. Por eso hay tantos matrimonios destruidos, tantos padres deshonrados, tanta violencia en nuestras ciudades y agresión en nuestras escuelas, porque si todo se trata de ti, entonces nada se trata de los demás. No es difícil entender porque la tierra está tan enferma…

Pero Jesús nos dice que “mejor es dar que recibir.” Es obvio que no puedes dar de lo que no tienes, necesitas tener para dar. ¿Qué prefieres, recibir dinero para saciar tu deseo o darlo porque tienes más que suficiente? ¿Qué es mejor, huir del que está deprimido o tener en tu alma una palabra de aliento para restaurarlo? Hemos perdido el foco esencial de nuestras vidas. Fuimos creados para darnos a otros, y hemos fallado estrepitosamente al mejor estilo Rico Mc Pato. ¿Cuándo fue la última vez que le diste reconocimiento a tu cónyuge? Dios puso dones en tu alma para que los esparzas, no para que los engavetes. Él no le dio perfume y colores a las flores para si mismas ni creó la lluvia para estancarse sino para regar toda la tierra. Solo fluyendo por tus venas puede tu sangre darte vida, no almacenada en tu corazón. ¿Qué tal si comenzamos a pensar un poco más en los demás? Dios quiere convertir corazones de piedra en carne (Ezequiel 11:19, 36:26), ¿no quieres que lo haga en ti, que seas parte de la solución? El mundo necesita desesperadamente de luz, no acapares la que Él puso en ti, déjala iluminar:

“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.” Mateo 5:14

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