Glorificando a Dios como Él demanda

“En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.” Juan 15:8

Me gusta exaltar al Padre con frases como “gloria a Dios” o “aleluya”, y me gusta también anteponer un “si Dios quiere” cuando hago planes. No hay nada de malo en eso, sin embargo glorificar al Padre demanda bastante más. Jesús nos dice acá que Sus verdaderos discípulos llevan fruto, mucho fruto. Ir semanalmente al servicio, misa o sinagoga, o autodenominarme creyente no me convierte en Su discípulo: “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando” (Juan 15:14). Él es un Dios de resultados, no de buenas intenciones. Mis buenos deseos no ayudan a nadie, debo convertirlos en acción, ejerciendo fe activa en Él. Mi caminar por la vida debe reflejar lo que hablo y creo. Si confío en el Dios Todopoderoso, debe notarse. No inspiro a otros si vivo en temor. El lema de Jesús es: “¡Atrévete! Conmigo…” Él busca resultados (fruto) más que palabras.

Jesús afirmó: “Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.” (Juan 17:4) Esto nos muestra que glorificar al Padre implica culminar lo que empezamos. A Dios lo glorificamos con nuestras vidas, no con nuestras palabras; con nuestras acciones y decisiones, no con nuestras intenciones; con una actitud sostenida y constante, no solo los domingos. Alguien dijo: “predica veinticuatro horas al día y solo si es necesario, habla.” Glorificar a Dios requiere valor, persistencia y ejercer mucha fe en Él. Implica avanzar cuando otros se detienen, perseverar donde otros se asustan. Solo yendo por más en tu vida inspiras a otros a ir por más en las suyas. No podemos animar a otros hablando teoría de Dios sino viviendo a diario apegados a Él. Persigue eso que parece imposible, persevera y alcánzalo; ese será tu testimonio de que caminas con Él. Jesús dijo: “… por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:20). La zona de confort no es para los hijos de Dios porque no hay fruto allí. Dios te da Su semilla para que la siembres, no para que las guardes en tu corazón, en tu bolsillo o en una gaveta. Él quiere verte florecer, expandirte a niveles que nunca imaginaste. Gástate como una vela, iluminando. Glorifica a Dios con tu vida para que otros hagan lo mismo:

“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres,  para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.» Mateo 5:16

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