Confiando más.

“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.” Jeremías 29:11

Dios tiene planes (pensamientos) para ti y está atento a cada uno de ellos. Él los conoce, los ha pensado y visualizado, Él espera que se cumplan porque después de todo, Él los diseñó; no solo a tus planes sino también a ti. Él sabe lo que quiere hacer y lograr a través de tu vida, de tus dones y talentos. Todo en Él es bueno, y Sus planes también lo son. Él no quiere dañarte, herirte ni verte sufrir. No le agrada verte en escasez ni encerrado en la cueva del temor. Él es un buen Papá. Pero un gran obstáculo se interpone entre nuestra vida actual y Sus buenos planes para nosotros. Es algo simple pero debemos empezar por reconocerlo: tenemos otros planes. ¿Qué significa eso? Que no creemos realmente en Dios…

Cuando te subes a un avión, ¿le dices al piloto: “sé que estamos saliendo de Nueva York rumbo a Londres pero quisiera que voláramos primero al sur para darle un vistazo a las playas de Miami y eso sí, evite toda forma de turbulencia porque no me gusta”? No, la aerolínea te informó adonde pretende llevarte (si no hay problemas en el aeropuerto de llegada) pero no te explica exactamente cómo lo hará el piloto. Entonces ¿por qué esperas que Dios, cuyos pensamientos son mucho mayores a los nuestros, si lo haga? Es urgente que confíes más en tu Creador y aprendas a descansar en Él, porque va a cumplir todas Sus promesas independientemente de las condiciones meteorológicas prevalecientes en tu lugar de destino. Y si te preguntas pero… “¿de qué manera lo logrará?” te cuento que ese no es tu problema, es Suyo, Él es el piloto, no tú… Él es Dios, no tú. Si les digo a mis hijos que saldremos de viaje, me preguntan adonde iremos y cómo nos divertiremos al máximo, nunca me han preguntado cómo voy a pagar el viaje o quien cargará las maletas. Ellos saben que ese es mi problema, no suyo, que yo soy papá, no ellos. No le sigas diciendo a Dios lo que debe hacer, esas oraciones no te transforman. Déjalo renovarte. Atrévete a decirle: “que se haga en mí según Tu voluntad.” No juegues a ser Dios. No intentes reconciliar la Verdad con tu lógica, expande tu alma para que asimile más de Él. Renueva tu mente. No trates de cambiar la Verdad, deja que la verdad te cambie.

“y renovaos en el espíritu de vuestra mente,” Efesios 4:23

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: