Mancos, cojos y ciegos…

“Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Vé pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos.” Lucas 14:21

Un “padre de familia” (figura de Dios) había preparado una gran cena (Reino) pero los invitados al banquete, uno a uno, se excusaron. El primero, a pesar de que ya había comprado una hacienda, recién ahora iría a verla, en la noche. Otro adquirió una yunta de bueyes y tenía que probarla también ese mismo día. El tercero acababa de casarse de modo que tenía otras prioridades, y no consideró el ir con su esposa. En fin, todos rechazaron el acontecimiento aludiendo razones banales. Estaban demasiado ocupados en sus asuntos para atender el llamado por lo que el hombre, enojado, decidió entonces invitar a los pobres, a los mancos, a los cojos y a los ciegos. Ellos si apreciarían su generosidad. No sé si eres de raza judía o si naciste en un hogar cristiano, donde desde tu niñez aprendiste a amar a Dios y a Sus Escrituras, pero yo no, yo ciertamente pertenezco a la segunda lista, y por eso aprecio tanto esa invitación. Yo era pobre pero también fui manco porque no producía fruto (como si no tuviera manos); era cojo porque mis pasos se desviaban y me atrasaban, como quien arrastra cadenas y grillos, y caminaba ciego porque estaba lleno de mi propia justicia, nacida del orgullo…

 ¿Vives tan preocupado por tus actividades que atiendes cada invitación del mundo pero no tienes tiempo para la del “Padre de familia”? ¿Te sientes confiado porque eres caritativo, buena persona o porque “aceptaste” al Señor? No se trata de si haces buenas obras o cuan estricto eres en tu religión. En la Biblia, cenar es símbolo de intimidad así que la pregunta es: ¿has aceptado tu invitación personal a la cena con tu Padre? ¿Puedes en tu día a día darle la prioridad a Aquel que la merece? Él no solo te creó sino que murió por ti, comprándote con Su sangre aunque tú le pertenecías, solo para no perderse de ti ni que tú te pierdas sin Él. Establece tus prioridades, no más excusas. Comienza, vive y termina el día buscando al Espíritu Santo. Si Él es lo primero en tu vida entonces tú serás primero en la Suya, y eso bien vale la pena… Atiende, solo ábrele tu corazón, no esperes más…

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.” Apocalipsis 3:20

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