Cuando todo se mueve hacia el lado equivocado.

“Y llamó Juan a dos de sus discípulos, y los envió a Jesús, para preguntarle: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?” Lucas 7:18b-19

Juan el Bautista, por el poder del Espíritu Santo,  reconoció que su pariente (primo segundo) Jesús era el Mesías y por eso les dijo a sus discípulos: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29) y, al momento de bautizarlo “también dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él” (Juan 1:32).  Por si eso fuera poco: “hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:17). ¡Impresionante! Por cierto, Juan no era un hombre común. Su nacimiento había sido profetizado por el Ángel Gabriel diciendo que Juan: “será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre” (Lucas 1:15), y hasta el  mismo Jesucristo dijo de él: “Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista” (Mateo 11:11). Pero entonces, ¿cómo es que ahora este hombre que iría delante de Mesías “con el espíritu y el poder de Elías” (Lucas 1:17), envía a sus discípulos a confirmar si Jesús es el que “había de venir o debían esperar a otro”? Bueno, ahora Juan estaba preso bajo el poder del malvado tetrarca Herodes, cuya cuñada y amante, Herodías, odiaba a Juan con toda su alma. Esto no cuadraba con el plan, algo debía estar mal…

Cuando las circunstancias cambian, generalmente nuestra fe también. Es más fácil creer cuando todo se mueve en la dirección que esperamos y nuestra barca parece dirigirse estable hacia la costa visible. Sin embargo a veces el viento se vuelve tempestad y parece que nos estrellamos contra el acantilado. ¿Cómo puede eso ser parte de Su plan?  El problema es que no alcanzamos a ver el cuadro completo. Si lo viéramos, no necesitaríamos fe. La fe es la “certeza de lo que se espera” (Hebreos 11:1) no de lo que “parece venir” ni de lo que “todo apunta a que suceda.” Jesús, para tranquilizar a Juan y a sus discípulos les dibujó el cuadro completo, la otra cara de la moneda que por ahora no podían ver:

“Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio…” Lucas 7:23

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