¿Trigo o cizaña? – parte 2

“Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña.” Mateo 13:26

La cizaña solo apareció después que salió la hierba, cuando la buena semilla dio fruto. Yo creo que es una ley espiritual. Una vez comienzas a dar fruto, la cizaña aparece y, ¿sabes donde? muy cerca de ti, como con el trigo, desapercibida pero justo a tu lado. Generalmente viene como una discreta forma de envidia que alguien te tiene y manifiesta como crítica constante de tus logros y la tendencia a minimizar todo lo que haces. Otras veces alguien quiere dirigir tus ojos hacia lo que no tienes en vez de a lo que tienes, sembrando codicia  en tu alma, para hacer que la alegría y el agradecimiento partan de tu corazón. En ocasiones se disfraza del consejo de ese compañero que te advierte que te “urge reaccionar.” El trabajo de la cizaña es simple: convencerte de que no eres especial. Te dirá que dar fruto no es lo primordial, que tú y ella son exactamente iguales…

Pero Dios tiene una opinión diferente. Hasta Pilato sabía que a Jesús “por envidia le habían entregado los principales sacerdotes” (Marcos 15:10). Ellos, que tanto buscaban al Mesías, no podían verlo a pesar de tenerlo enfrente. Los sacerdotes sin fruto (cizaña) no podían soportar al que es Trigo (Juan 12:24). Lo mismo pasa contigo. Asegúrate de moverte hacia tu destino, de perseguir tus sueños, de dar fruto. ¡Que ninguno te detenga! Y si nadie te juzga ni te critica; si no hay oposición en tu vida ni alguien te envidia, medita en tus caminos. Seguramente no te estás moviendo en pro de lo que Dios tiene para ti. Revísate, toma tiempo y evalúate porque a lo mejor eres tú la cizaña. Y no te desesperes por los malvados a quienes parece irles bien. Que no te confunda su apariencia porque su destino no es bueno. Dios no arranca la cizaña para proteger al trigo. Cuando los hombres de la parábola le dijeron al dueño (Dios) respecto a la cizaña: “¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo.” (Mateo 13:28b-29). La respuesta del Padre está tan cargada de misericordia como de justicia Divina:

“Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.” Mateo 13:30

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