No dejes que te frene

“Y subieron allá del pueblo como tres mil hombres [de Israel], los cuales huyeron delante de los de Hai.” Josué 7:4

El victorioso Josué, sucesor de Moisés y encargado de dirigir la conquista de la Tierra Prometida, acababa de derribar, bajo instrucciones divinas, los gigantescos muros dobles de Jericó. El poder de Dios estaba con ellos. Después de semejante victoria, tomar la descubierta ciudad de Hai, parecía juego de niños. Tres mil soldados serán más que suficientes para hacer el trabajo pero… ¡el pueblo de Israel huyó delante de los de Hai y 36 de sus hombres murieron! ¿Por qué? Antes del ataque, Jehová había advertido que la ciudad sería anatema [maldita] así como todo lo que estaba en ella (6:17a), y añade: “ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, no sea que hagáis anatema el campamento de Israel, y lo turbéis.” (6:18) Dios estaba diciendo: no tomen nada del enemigo porque es maldito. Si alguno lo hace, Israel será maldito, y lo turbareis.

Luego de una profunda indagación, se descubre la razón del fracaso: un soldado llamado Acán confesó: “… vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé; y he aquí que está escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello.” (Josué 7:21). ¿Sientes que tu vida avanza con un pie en el acelerador y otro en el freno? ¿Eres hijo de Dios pero Sus promesas nunca te alcanzan? ¿Te sabes amado pero no te sientes bendecido? Quizás haya algo oculto en tu tienda (corazón) que no te permita vivir una vida victoriosa. A lo mejor quieres mantener una vida doble, con un corazón dividido como el de Acán. Vas a la batalla pero codicias el anatema, y el pecado te quita las fuerzas. ¿Será esa falta de perdón oculta bajo tu tienda, la que te frena? O quizás, en tu deseo de controlar las circunstancias y conseguir paz, te has metido en la hechicería, brujería, ocultismo o astrología pensando que son prácticas inofensivas. Josué ganó más de 30 batallas después de esa, porque erradicó el pecado, renunció a la maldición y se sujetó bajo la autoridad de Dios.

“Y le dijo Josué: ¿Por qué nos has turbado? Túrbete Jehová en este día. Y todos los israelitas los apedrearon, y los quemaron después de apedrearlos.” Josué 6:25

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