¿Engendrados del Espíritu?

“Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.” 1 Corintios 12:3

Uno de los milagros más grandes en la Biblia es el nacimiento de Jesús de una virgen, tal y como unos setecientos treinta años antes el profeta Isaías lo había anunciado (Isaías 7:14). Cuando la joven María le preguntó al ángel Gabriel como ocurriría, él respondió: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra…” (Lucas 1:35). El mismo Espíritu Santo de Dios sería quien engendraría al Mesías en el vientre de la joven. Imagino que esta debe haber sido una experiencia no solo física sino profundamente espiritual para ella…

Yo veo un paralelismo entre este acontecimiento sobrenatural y algo que Pablo afirma: “… el que se une al Señor, un espíritu es con él.” (1 Corintios 6:17). Es decir que tu espíritu puede unirse al Espíritu de Dios. De modo similar a como dos personas unen sus cuerpos y almas íntimamente, también el espíritu humano y el de Dios pueden unirse, lo cual ocurre al momento de una sincera conversión. Si bien el impacto del Espíritu Santo en la vida del nuevo creyente no puede detectarse físicamente como en un embarazo, marca un nuevo inicio y un cambio drástico de vida. Aceptar a Cristo radicalmente lo cambia todo. No nos embaraza de un bebé, pero si de sueños. Comenzamos a vivir más para lo esperado (Jesús) que para nosotros. Aquello que antes era tan importante pierde prioridad, y cosas que nunca nos interesaron, se vuelven relevantes y trascendentes. Lo que antes nos nutría, ahora nos debilita; lo que ingeríamos ya no sacia nuestra sed. Comenzamos a comer (meditar en) cosas nuevas: Dios y Su Palabra, lo eterno, el amor, la paz, la sabiduría, las cosas “de arriba.” El verso inicial nos aclara cómo sucedió esto. Fue un milagro: el Espíritu Santo vino sobre nosotros y nos permitió ver. Si has aceptado a Cristo como tu Señor, no es por tu intelecto sino por el Espíritu Santo. Del mismo modo que Zaqueo, quien creyendo buscar a Jesús se trepó en un gran árbol para ver al Maestro, quedó impactado cuando Jesús le llamó por su nombre y se auto invitó a su casa (Lucas 19:5), asimismo tú, si has llegado a los pies de Cristo es porque Él te buscó primero. Solamente a través de la intervención de Su Espíritu puedes llamar Señor a Jesucristo…

“Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.” 1 Juan 4:19

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