En Tu Palabra

“Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red.” Lucas 5:5

Este parece ser el primer encuentro entre Jesús y Simón, quien luego sería llamado Pedro. Al parecer el Maestro se había subido al bote del pescador sin permiso alguno, y le “rogó que lo apartase de tierra un poco” (Verso 3). Luego de usarlo como plataforma para predicar, el Rabí le dice que bogue mar adentro, y echen sus redes para pescar. Quiero que te imagines la situación. Simón es el experto pescador; Jesús un carpintero que enseñaba sobre un reino espiritual. Simón y sus socios habían pasado la noche entera tratando de pescar algo y no hallaron ¡nada! Si eso fuera poco, acababan de terminar de limpiar sus redes, lo cual intuyo no era poco trabajo. Lo más probable es que Simón estuviera esperando que le devolvieran su bote para irse a dormir su pena por el mal día, pero Jesús lo envía “mar adentro,” no a la orilla. Todo invitaba a una respuesta soez y aún sarcástica: “Ah sí, ¿además de carpintero y predicador eres experto en la pesca…también?”

La expresión “en tu palabra” es interesante. Se puede parafrasear como “porque Tú lo dices” o “ya que Tú lo dices.” Quizás este buen pescador, gruñón y rudo, observó la integridad de lo que enseñaba, la autoridad con la que hablaba, el amor que irradiaba. No sabemos exactamente que vio ni sintió, pero decidió obedecer. Las Escrituras no indican como reaccionaron sus compañeros, pero no les preguntó que opinaban, solo aceptó la instrucción mientras dudaba sobre por qué lo hacía. Pero no le responde “por Tu palabra,” como un acto de obediencia, sino “en Tu palabra,” con una connotación de estar sobre ella. Jesús dice en Mateo 24:35 que “pasarán los cielos y la tierra, pero no Su Palabra. Está diciendo que un día lo natural (el universo) desaparecerá, pero no lo espiritual porque es eterno. Por la entropía todo se desgastará, pero la Palabra hablada por Dios permanecerá. Simón obedeció y la pesca fue tan sobrenatural que, en vez de tratar de enriquecerse de ella, dejaron todo para hacerse “pescadores de hombres.” Caminó ese día en la fiel Palabra de Dios, en el mundo espiritual gobernado por el Rey de reyes. El la creyó, aunque no hacía sentido, confiando en Aquel quien se la daba. Allí lo sobrenatural se manifestó. No puedes creer en Dios y esperar soluciones terrenales, naturales… Él es poderoso para hacer cosas grandes; invócalo para lograr lo imposible:

“Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.” Juan 15:7

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