En batalla pero en victoria

“que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos…” 2 Corintios 6:8-9

Tendemos a creer que cuando somos bendecidos por Dios, se debe a que todo está bien con nosotros y, por ende, cuando no nos va como quisiéramos, es porque algo anda mal, ya sea en nuestra relación con Dios o en nuestra vida. No nos gustan las dificultades de modo que, si confrontamos alguna, concluimos que algo hicimos mal, y no son pocos los que comienzan a buscar la razón por la que están pasando por ese “desierto.” Sin embargo, acá vemos al súper apóstol Pablo describiendo la situación personal de él y sus discípulos: atribulados, en apuros, perseguidos y derribados. ¿Será que Pablo y sus seguidores estaban en pecado o desobediencia? ¡No! Estos hombres eran fieles y estaban dedicados de corazón a la obra, aún a costa de sus vidas. Mira como Pablo resume algunas de las dificultades que confrontó: “De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar…” (2 Corintios 11:24-26). Y la lista sigue… Sin embargo, en todo esto el apóstol Pablo estaba en el centro de la voluntad de Dios. Pero entonces, ¿por qué sufría?

A Dios le importa nuestro propósito mucho más que nuestra comodidad. Él nos creó para grandes cosas y si no nos estancamos, Él puede empujarnos porque no nos va a dejar allí, en la cueva. Jesús nunca les prometió vida fácil a los creyentes, sino más bien les advirtió que, los que lo sigan “tendrían aflicción,” aunque también nos exhortó: “pero confiad, Yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33). Y acá vemos esa misma convicción en Pablo cuando, en medio de las dificultades, anuncia su victoria aun estando: “Atribulados, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos mas no desesperados; derribados, pero no destruidos.” A pesar de los múltiples retos, el apóstol y sus discípulos mantenían el optimismo y la fe. Estaban tristes por lo que veían, pero no angustiados porque sabían en Quien confiaban. Estaban apurados con tanto que hacer, pero no desesperados porque tenían paz. A pesar de ser perseguidos, no desesperaban porque conocían a su Protector, y aunque fuesen derribados una y otra vez, se volverían a levantar porque eran indestructibles… Tú debes también perseverar porque:

“…siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse…” Proverbios 24:6a

1 comentario
  1. sabriavila dijo:

    Hermosa palabra, inspirada por el Espiritu Santo.
    Estoy feliz, como dicen esto de la tecnologia me atropella y no habia podido porner mis comentarios a lo que recibia porque lo estaba haciendo mal, pero siempre te leo y eres de bendición muchas gracias por tu obediencia a tu llamado.

    Me gusta

A %d blogueros les gusta esto: