Medicina contra la ansiedad

“Pues si no podéis ni aun lo que es menos, ¿por qué os afanáis por lo demás?” Lucas 12:26

Jesús está en un pequeño monte enseñando a una multitud que, aunque luce muy diferente a nosotros hoy día, tiene problemas similares. Y en esta pequeña cápsula el Maestro nos da la solución para una destructiva peste que luego de dos mil años, tan solo se ha incrementado, causando estragos profundos en nuestra sociedad: me refiero a la plaga de la ansiedad. A pesar de todos los avances científicos en el mundo de la salud y de todo el progreso tecnológico para que nuestras vidas sean más fáciles y cómodas, la angustia y el estrés alcanzan hoy día niveles históricos. El volumen de ventas de somníferos, antidepresivos y ansiolíticos ha superado todo pronóstico, mientras que el problema parece aumentar con nuevos casos de disfunciones mentales, violencia familiar y suicidio. Es obvio que los esfuerzos no han dado los resultados esperados, estando enfocados en el problema y no en su causa. Por eso Jesús nos regresa a lo básico: ¿por qué te afanas?

Dios no te creó para controlar. Si fuera así, te hubiera dado el poder para hacerlo, por eso nos recuerda: “¿Y quién de vosotros podrá con afanarse añadir a su estatura un codo?” (verso 25). En otras palabras, ¿por qué tratas de controlar lo grande si ni siquiera controlas lo muy pequeño? Es bueno que podamos controlar con un termostato la temperatura de nuestra habitación independientemente del clima externo (¿te imaginas a alguien soplando las nubes con un gigantesco ventilador para dispersar la lluvia porque es la fiesta de cumpleaños de su hijo?). Sin embargo, no hemos aprendido a controlar nuestras emociones, nuestra paz y paciencia de la misma manera. Gastamos nuestros recursos tratando (a veces por medios absurdos) de controlar lo que no podemos. La pregunta es: ¿no tendríamos menos ansiedad si ajustáramos el termostato del corazón para mantenerlo tibio independientemente del clima externo? El éxito externo proviene de la salud interna, de la condición del alma. Enfoquémonos en desarrollar lo que si podemos influenciar: nosotros mismos. No dirijas tus esfuerzos a controlar lo que no puedes. Controla lo único que si puedes: tu respuesta. Jesús nos está animando a soltar el control porque, al igual que las flores (lirios), si dejamos de controlar, creceremos, y lo haremos de forma genuina y sostenida…

Considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan; mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.” Lucas 12:27

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